Importancia de los Activos Financieros

Si por algo se caracterizan los activos financieros, es por constituirse en el soporte o herramienta para destinarlo a la inversión y por el que sus titulares pueden generar una rentabilidad en cualquier plazo de tiempo (corto, medio o largo), pero con la diferencia respecto a los activos tangibles en que los primeros no aportan un valor físico, tal y como sucede con las propiedades inmobiliarias. Este es uno de los aspectos a tener más en cuenta para planificar una inversión y contemplar que funciones cumple cada uno de estos dos activos. Para una mejor comprensión, un activo financiero está representado por la inversión en warrants; mientras el tangible por la adquisición de un garaje.

Los activos financieros pueden ser también los bonos emitidos por la deuda pública de un país o la compra y venta de acciones en los mercados de renta variable, entre algunos de los más demandados por parte de los inversores. No obstante, es muy importante incidir en que esta clase de activos existen siempre dos figuras que forman parte del proceso de compra o venta. Por una parte, el comprador que es el sujeto o entidad que adquiere unos títulos con la finalidad de que se revaloricen. En este caso, por ejemplo, sería la persona que adquiere acciones en una empresa que cotiza en los mercados bursátiles (Coca-Cola, Repsol, Inditex, Vodafone…).

Mientras que por otro lado, estaría también el vendedor que es quien vende estos activos por cualquier motivo. Aunque generalmente buscando una punta de liquidez en sus cuentas personales o empresariales. Podría ser la misma persona que hemos mencionado anteriormente, precisamente cuando decide deshacer sus posiciones en el valor.

Tipos de activos financieros

Los activos financieros no provienen de un solo modelo en la inversión o ahorro, sino que, por el contrario, proceden de productos financieros de diversa naturaleza y estructura. ¿Pero cuáles son los más representativos de todos? Uno de ellos es el cristalizado por la compra y venta de acciones, la cual supone una de las inversiones más representativas y populares de la renta variable y que se caracteriza porque el titular se hace partícipe de la empresa al comprar unos títulos de la misma. Con la finalidad de rentabilizar su operación a su vencimiento o cuando se cierren las posiciones por parte de los inversores.

Dentro de la renta fija el producto que cumple con esta finalidad es el depósito bancario a plazo. Se distingue fundamentalmente por generar una bolsa de ahorro sin asumir riesgos y ofreciendo una rentabilidad muy baja. Con un tipo de interés en estos momentos que apenas rebasa el nivel del 0,40 %, como consecuencia de los niveles tan bajos en el precio del dinero. Tiene la ventaja de que permite suscribir este producto financiero a diversos plazos, 1, 3, 6, 12 o incluso más meses.

Otro modelo que no puede faltar en esta clasificación es el representado por la deuda pública (bonos, obligaciones y letras del estado). Donde su primera función es la de financiar la deuda de un país y que puede ser comprado por los inversores particulares para mejorar su cuenta de resultados. Sus plazos van dirigidos al corto y medio plazo (1 mes, 1, 2 o 3 años, aproximadamente).

Aunque mucha gente lo desconozca, el dinero en efectivo (monedas o billetes) es también un activo financiero de notable relevancia. Debido a que sirve para la adquisición de bienes, como por ejemplo propiedades inmobiliarias, alimentos o financiar un viaje de vacaciones. No cabe duda de que es al activo financiero que ofrece una mayor liquidez. Es decir, tener una capacidad plena para comprar o vender activos tangibles y financieros en cualquier mercado financiero o de otras características. De la misma manera que es una posición que se caracteriza por estar exenta de riesgo. A cambio no genera rentabilidad alguna ya que siempre tendrá el mismo valor (sobrevalorado o infravalorado por los efectos de la inflación).

Tampoco puede faltar en esta lista, tanto los pagarés bancarios como los corporativos y que se trata de un documento legal en el que el emisor se compromete a abonar una cantidad determinada de dinero en el plazo acordado y con un interés pactado. En cualquier caso se ofrecerá en dependencia de su valoración y del nivel en que esté situado el precio del dinero.

Naturaleza de estos activos

Mientras que, por otro lado, cabe reseñar que los activos financieros pueden proceder de la renta fija y la variable. En la primera con una garantía total sobre el montante de la operación y que conlleva aparejada una rentabilidad garantizada a su vencimiento. Por el contrario, en la renta variable no existe ninguna garantía sobre su rentabilidad. Ni tan siquiera con la seguridad de recuperar el importe de la inversión. Aún así, son más proclives a desarrollar mejores retornos a costa de asumir más riesgos en la operación.

Otra de las maneras para diferenciar un activo financiero es por el plazo al que va dirigido. Pueden ser a corto plazo (entre unos pocos meses y un año aproximadamente) y que reportan menos riesgos en su contratación. A pesar de que su rendimiento siempre es más bajo. En contraste con los plazos más amplios (medio y largo) que son más arriesgados de suscribir. Pero que para neutralizar este efecto eleva progresivamente su rentabilidad. Sus períodos de suscripción oscilan entre un solo año y 5 o 10 en función de los productos elegidos por el cliente.

 

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