Importancia del Alzamiento del 18 de julio de 1936 en España

Pensado durante meses para ser un golpe de estado y no el comienzo de una guerra civil, el fracaso del posteriormente llamado “Alzamiento nacional” por parte de sus perpetradores, desembocó en un conflicto civil que despertaba el fantasma del enfrentamiento entre las llamadas “dos Españas” (como la conservadora y la liberal de las Guerras Carlistas), y que desgarraría el país durante tres años, siendo una de las antesalas de la Segunda Guerra Mundial.

El intento fallido de golpe de estado del 18 de julio de 1936 tenía como objetivo la deposición del gobierno de la república, finiquitar dicho régimen, e implantar otro régimen distinto aunque de corte dictatorial, y de ideología conservadora y derechista.

Si bien sus principales impulsores fueron militares, contó con la aquiescencia y participación activa de diversos sectores político-sociales (como el carlismo o la iglesia católica), todos ellos resentidos con la República.

El golpe se concibió en medio de un ambiente enrarecido, en el cual la violencia política era algo habitual, especialmente en las grandes ciudades, y tras una victoria electoral del izquierdista Frente Popular en las elecciones de febrero del 36, que si bien ganó la mayoría absoluta en escaños, casi empató en votos con su rival derechista.

Ello llevó a la derecha a expresar una serie de agravios, que la izquierda no quiso escuchar. Este ambiente calificado a posteriori como de “prebélico”, y la falta de diálogo, fue presentado a posteriori por los golpistas como argumento para justificar su intentona golpista.

Los intentos golpistas contra la República se remontan a la proclamación de la República el 14 de abril de 1931.

Hubo varios planes, y un intento en 1932 conocido como “la Sanjurjada”, por haber sido protagonizado por el general José Sanjurjo, que finalmente no tuvo éxito y se vió abocado a exiliarse en Portugal.

El nuevo gobierno izquierdista del Frente Popular surgido de las urnas en febrero del 36 dispersó a los militares afines a las derechas y que habían presionado al anterior gobierno -de derechas- para que no entregara el poder, a destinos diversos.

Así, Franco era destinado a las canarias, mientras que Mola iba a Pamplona o Goded a Baleares. Todos ellos serían clave en la gestación del futuro movimiento rebelde.

Además, estar lejos del centro de poder de Madrid les dio una facilidad para negociar y organizar los detalles sin ser detectados por el gobierno.

Fue el general Emilio Mola quien asumió el papel de organizador, y se pensó en ofrecer al exiliado Sanjurjo la jefatura del estado cuando el golpe tuviera éxito. Franco se mostró dubitativo.

Entre febrero y julio, además de organizarse, los conspiradores fueron sumando discretamente apoyos y guarniciones a su causa.

El plan era iniciar la sublevación en África, para posteriormente levantar las guarniciones implicadas en la península mientras el ejército de África (que tenía las tropas mejor preparadas y equipadas) pasaba a la península.

Entre estas tropas y las procedentes del norte al mando del general Mola, debía hacerse una pinza norte-sur sobre Madrid para rendir la capital.

Además de recibir algunos fondos de la Italia fascista y de donantes particulares (tanto españoles como algunos extranjeros), el principal financiador del golpe fue el oscuro banquero español Juan March (Banca March), quien a posteriori sería conocido como “el banquero del régimen”.

El asesinato del guardia de asalto José Castillo por parte de pistoleros derechistas, y la revancha por parte de guardias de asalto asesinando al diputado de derechas José Calvo Sotelo, el 12 y 13 de julio de 1936, fueron los detonantes del alzamiento.

Temiendo disturbios en las calles y buscando aprovecharlos como excusa para restablecer el orden, Mola dió la orden para el 17 en Marruecos.

El 17 de julio de 1936, sobre las cinco de la tarde, la primera unidad se rebelaba en Melilla.

Una vez controlada dicha ciudad, la revuelta se expande, cayendo Tetuán, Ceuta o Larache, con alguna resistencia que se demuestra infructuosa. Paralelamente, empiezan las ejecuciones sumarias y arbitrarias por parte de los sublevados.

La reacción gubernamental al conocer el golpe el mismo 17 por la tarde fue inmediata: ordenar ataques de aviación procedentes de la península sobre las posiciones rebeldes, así como a la marina que bloqueara su paso a la península.

Los sublevados esperaban que estas embarcaciones se pusieran de su lado, ya que los comandantes estaban implicados en el golpe, pero las dotaciones de los buques se oponen y deponen a sus mandos, tomando el control y manteniéndose fieles a la República.

Posteriormente, las tropas coloniales de África serán llevadas a la península en el primer puente aéreo de la historia, llevado a cabo con la ayuda alemana e italiana.

El 18, Franco también consigue asegurar las Canarias, pasando posteriormente al protectorado de Marruecos en el célebre avión Dragon Rapide.

En la península, el alzamiento se produce a lo largo del día 18 y 19, triunfando en algunos lugares, pero no en otros.

Falla principalmente Andalucía, territorio con el que los rebeldes contaban para avanzar rápidamente sobre Madrid. Solamente ciudades dispersas como Córdoba, Sevilla, o Granada ven el triunfo de los sublevados.

En los escenarios en los que la rebelión se produjo el 19, como en barcelona, se topó con una resistencia más organizada.

En la capital catalana, por ejemplo, se producen enfrentamientos en las calles entre los militares sublevados y milicianos de organizaciones de izquierdas e independentistas, logrando estos últimos detener el golpe.

Galicia quedará prácticamente toda en poder de los rebeldes, al igual que Castilla y León, La Rioja, prácticamente todo Aragón, Navarra, y la mitad de Extremadura.

Las fuerzas sublevadas en la península se encontraron en un estado delicado, pues necesitaban del concurso de las fuerzas de África para poder ganar a largo plazo, pero el gobierno también sufría dificultades.

Su territorio estaba partido en dos, sufría el descontrol en las calles, y carecía de militares profesionales de valía, lo que rápidamente evidenció que su futuro estaba hipotecado.

El fracaso parcial del golpe del 17, 18 y 19 de julio lleva a una larga y sangrienta guerra civil de tres años.

Dicen que las guerras civiles son las peores, y cierto es que la represión en ambos bandos (aunque, especialmente, en el sublevado) tomará carices dantescos.

El golpe se lo conocerá como el del 18 de julio porque es la fecha que empezó en la península.

El régimen franquista celebrará, a lo largo de todas su existencia, esta fecha como festiva, y no el 17 ni el 19.

Arte Fotolia: Vladimir Wrangel

 

Relacionado

Comentarios


Los comentarios deben expresar una opinión del tema, aportando valor, o de lo contrario se borrará. Gracias.
 

Recomendamos