Importancia de Aprender de los Errores

Partiendo de la premisa de que todos cometemos errores en mayor o menor medida, estos tienen una parte positiva, ya que son una fuente de aprendizaje. Al mismo tiempo, deberían ser un estímulo para la superación individual.

Una carga muy pesada que puede transformarse a nuestro favor

Hay personas que se atormentan con las equivocaciones cometidas en el pasado. Se lamentan de ellas y se culpan con dureza. La autoinculpación desemboca en una baja autoestima. En algunos casos, los errores cometidos condicionan el futuro, hasta el punto de evitar nuevos proyectos con el fin de no sufrir ante posibles errores. Para que este planteamiento vital no se convierta en un tormento, es necesario aprender a gestionar los errores.

Las malas estrategias o las decisiones fallidas pueden interpretarse desde un enfoque constructivo. Para ello, tenemos que aprender a analizar los errores. En otras palabras, hemos de valorar por qué los hemos cometido de una forma objetiva y sincera, sin autoengaños ni excusas.

Pautas y reflexiones para aprender de nuestros errores

No podemos evitar recordar los errores del pasado, pero esto no debería implicar que tengamos que revivirlos constantemente.

Las valoraciones de los demás con respecto a nuestros fallos deben ser escuchadas con atención, pero no hasta el punto que nos destruyan psicológicamente (para que el reproche de los otros no sea tan dañino, puede ser útil el reproche previo de uno mismo).

Los errores no deben paralizarnos, pero tampoco deben olvidarse. Tenerlos presentes es una forma de no cometerlos en el futuro.

La discrepancia entre lo que pensamos y lo que sentimos es uno de los orígenes más habituales en nuestras decisiones equivocadas. Para que esto no suceda puede ser útil recordar una máxima socrática: conócete a ti mismo.

Es muy conveniente no tener expectativas poco realistas. Así, desear aquello que está más allá de nuestras posibilidades nos puede conducir fácilmente por un camino negativo.

El realismo es compatible con una actitud vitalista

Por este motivo es deseable que evitemos los mensajes destructivos (si finalmente cometo un error esto no significa que no puedan surgir nuevas oportunidades en el futuro).

Una equivocación no tiene que interpretarse como una derrota definitiva, sino que puede ser valorada como una fuente de aprendizaje. En este sentido, vale la pena recordar que muchas experiencias de éxito están precedidas por múltiples fracasos y que el miedo al fracaso es probablemente el mayor de los errores.

Los errores del pasado no se pueden cambiar, pero se pueden transformar en una fuente de sabiduría.

Imágenes: Fotolia. Artisticco / Logo3in1


 
 


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