Importancia de las Generaciones de Aviones de Combate

Es posible que los hermanos Wright no vislumbraran el brillante futuro que le esperaba a la aviación cuando consiguieron que su Flyer fuera el primer objeto más pesado que el aire fabricado por el ser humano en despegar y mantener un vuelo, el 17 de diciembre de 1903.

Desde entonces, la carrera para dominar el cielo no ha cesado, tanto para los transportes... como para la guerra.

Y es que los militares han encontrado en los aviones el instrumento adecuado para dominar el campo de batalla. Tanto es así que el poder aéreo de un ejército ha determinado en más de una ocasión su victoria o su derrota.

Ha sido en casos como la Segunda Guerra Mundial, cuando la Luftwaffe se vio incapaz de contener los bombardeos aliados a la infraestructura de guerra germana, o en la misma contienda en el caso del Japón, o en la Guerra de Kosovo, cuando la presión vía aérea de la OTAN obligó al gobierno yugoslavo a un alto el fuego y a la negociación.

El presente de la aviación militar está marcado por los cazabombarderos a reacción, que se han erigido en verdaderas plataformas armamentísticas, pero como en todo, estos también han seguido su evolución desde que los primeros jets surcaron los cielos del mundo en las décadas de los años 30 y 40 del siglo XX. Y dicha evolución se resume en las distintas generaciones que han nacido con el progreso de dichos ingenios.

La primera generación de aviones de combate modernos da sus primeros coletazos justo antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial con los primeros motores a reacción.

Pese a que británicos e italianos desarrollaron esfuerzos en esta investigación, fueron los alemanes (plenamente centrados en una fuerte y costosa política de rearme a partir de 1933) quienes tomaron la delantera.

En agosto de 1939 volaba el Heinkel He 178, el primer avión a reacción (jet) del mundo, aunque no sería el primero en entrar en servicio activo en combate.

Dicho honor recaería en una creación de Willy Messerschmitt, uno de los ingenieros favoritos de Hitler: el elegante y legendario Me 262.

Los aviones de esta época son todavía herederos de las funciones y las tácticas desarrolladas en el periodo de entreguerras y perfeccionadas durante la conflagración global de 1939-1945.

Pese a que el Arado Ar 234 era un bombardero equipado con motores a reacción, el rol de los jets se reserva para la caza.

El dogfight, la práctica del combate aéreo entre dos cazas a corta distancia, es lo que permiten las armas de la época, cañones y ametralladoras, que montan estos aparatos.

Inicialmente, los planos de los jets no son más que aviones de pistón convencionales a los cuales se adaptan los motores a reacción, pero con la calma tensa de la posguerra, los ingenieros tienen tiempo de aprender a optimizar las aeronaves para que saquen el máximo partido de sus motores.

Surgen así diseños como el F-86 Sabre norteamericano o el soviético MiG-15, que se las vieron en los cielos de Corea. Como novedad, estos aviones podían alojar y disparar cohetes no guiados, y dejar caer bombas sobre el enemigo. Sus tamaños ya eran superiores a los de sus homólogos de pistones de la Segunda Guerra Mundial.

A mediados de la década de los 50 se producen los primeros modelos de cazas a reacción de segunda generación.

Diversos factores desembocan en el avance tecnológico que llevará a esta segunda generación. En primer lugar, la creciente velocidad de los aparatos, que superaban mach 1 (la velocidad del sonido), la cual cosa hacía difícilmente practicable el “tiro al blanco” con los cañones y ametralladoras que se había venido haciendo desde los comienzos de la aviación militar.

En segundo lugar, el avance tecnológico mismo, y en especial de la electrónica, que permitía la construcción de sistemas más inteligentes y funcionales. Por ejemplo, el radar y los misiles guiados se empezaron a convertir en algo habitual.

Los aviones se dividen en dos roles básicos: interceptores, y cazabombarderos, empezando estos últimos a convertirse en lo que son hoy los aviones de combate: plataformas de lanzamiento de armas.

Los F-104 Starfighter, F-5 Freedom Fighter norteamericanos, los Mirage III y 5 franceses, y los MiG 19 y 21 soviéticos, son algunos de los modelos más icónicos de esta época, que se extiende hasta entrados los años 60. Alguno de los modelos citados todavía sigue en activo en algunas fuerzas armadas...

Desde principios de los años 60 hasta entrada la siguiente década, se desarrolla la tercera generación de jets de combate, en los que se vuelve a una suerte de dogfight y se enfatiza en las capacidades de ataque a tierra.

No obstante, este dogfight moderno tiene poco que ver con el de la Segunda Guerra Mundial, y sobrepasa al que se pudo ver en los cielos de Corea, ya que se basa en el uso de misiles guiados y contramedidas.

Para las maniobras evasivas y para superar al enemigo, además de una mayor velocidad se exige también una superior maniobrabilidad para girar en círculos más cerrados, por ejemplo, lo que da lugar a los canards, las pequeñas alas delanteras auxiliares.

Los misiles de aire a tierra constituyen una de las principales innovaciones en el campo armamentístico para estas aeronaves. Obviamente, esto también crea una nueva especialización en estas aeronaves, la de ataque al suelo.

Especialmente icónicos de esta era son modelos como el norteamericano F-4 Phantom II, y los MiG 23, 25 y 27 soviéticos.

la siguiente generación es la cuarta, en la cual se enfatiza en los aviones multirol, además de introducir las computadoras digitales a bordo de los aviones.

Los cazabombarderos, que han iniciado un lento camino a convertirse en plataformas armamentísticas volantes, empiezan en este punto a madurar como tales.

Se continúa enfocando en la maniobrabilidad, ya que estos aviones no se escapan de los combates a corta distancia, y su panoplia armamentística se prepara en consonancia, con armas de largo alcance pero también de corto. Además, las exigencias multirol también llevan a incluir armas de ataque a tierra.

Aeronaves icónicas de esta generación son los F-14 (popularizado por la película Top Gun), F-15, F-16 y F-18 norteamericanos, el Tornado y el Eurofighter, fruto ambos de un esfuerzo conjunto entre varios países europeos, el Rafale francés, el MiG-29 soviético, el Harrier británico, y el Jas Gripen sueco.

El F-15 tiene el honor, además, de ser el primer caza de superioridad diseñado como tal de la historia.

Esta generación conforma el grueso de los aviones en servicio hoy en muchos de los principales ejércitos del mundo.

Algunos de estos modelos han sido mejorados en los últimos años con características propias de la quinta generación, dando lugar a lo que se conoce como 4.5G.

Es el caso del MiG-35, un avión nuevo construido sobre la base del MiG-29 con notables mejoras sobre este último.

La quinta generación se caracteriza principalmente por características stealth (de ocultación), y comunicaciones electrónicas digitales que les permite operar en red, tanto con otros aviones como con el ejército de tierra, la marina, o cualquier otra rama.

Son los aviones más avanzados en servicio a día de hoy (*2019), con nombres como el caza de superioridad F-22 Raptor y su versión multirol y embarcada, el F-35 Lightning II, el Su-57 ruso, o el J-20 chino.

¿Qué nos podría deparar una futura sexta generación?

Pues probablemente una evolución de lo que vemos en la quinta con el añadido de la inteligencia artificial, de forma que, más que evolucionar los cazabombarderos, lo que se hará es convertirlos en no tripulados, mejorando sus características stealth.

Probablemente este tipo de aparatos trabajarán en red junto con otros aviones similares, o aeronaves especializadas en distintos roles, conformando una red de ataque y respuesta autónoma con poca o ninguna intervención humana durante el combate.

Como mucho, los comandantes humanos seleccionarán los objetivos para que los aviones robóticos de sexta generación decida como batirlos.

Asusta ¿verdad?

Fotolia: Radoslaw Maciejewski, Keith Tarrier

 

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