Importancia de la Batalla de Caseros (1852)

El enfrentamiento entre federales más significativo del siglo XIX porque de él nació la Argentina moderna. Dirimieron fuerzas y propuestas políticas dos emblemas del ideario federal: Juan Manuel de Rosas al mando de la Confederación Argentina, y Justo José de Urquiza liderando el Ejército Grande.

Los recursos y las fuerzas con las que contaron fueron casi iguales en número, sin embargo, la estrategia de los aliados fue más acertada y atenta al contexto de lucha y por ello consiguieron imponerse rápidamente.

Se sucedió en febrero del año 1852, en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires (actual Morón), y produjo varias y relevantes consecuencias para la organización política del país: derrota y exilio de Rosas, ascenso al poder de Urquiza.

Sin embargo estas consecuencias son las más visibles o las más obvias y repetidas, pero hay otras cuestiones que avanzaron gracias a esta Batalla trascendental: la organización del estado y la sanción de una constitución nacional con un espíritu republicano y que resguarda el federalismo.

Un liderazgo de 17 años que se derrumbó en el campo de batalla

Por ese entonces Rosas era el gobernador de Buenos Aires, ejercía el rol de canciller atendiendo las cuestiones externas, y disponía de la suma de poder público que le permitía actuar a piacere.

Por otra parte, desde su asunción se había opuesto a la sanción de una constitución y a la organización nacional, básicamente porque ello implicaría tener que repartir los ingresos de la aduana con el resto del país y la pérdida de poder de Buenos Aires.

Pero Urquiza, ex aliado de Rosas y gobernador en varias oportunidades de la provincia de Entre Ríos, decidió ponerle un freno a su avasalladora y tiránica autoridad a través de un pronunciamiento en el cual rechazó sorpresivamente la renuncia de Rosas, una estrategia que el restaurador de las leyes usaba para lograr la renovación de su mandato, pero que esta vez no funcionó...

Una lucha movida por la libertad comercial y el hartazgo tiránico ejercido por Rosas

Urquiza recibió el apoyo inmediato del gobernador de Corrientes, Santa Fé, los unitarios en el exilio, Uruguay y Brasil.

Un año después, en 1852, se enfrentaron a Rosas en la batalla de Caseros, y la victoria aliada marcó el final de 17 años de gobierno rosista, una gestión signada por luces y sombras, con tendencia federal pero también con sesgos personalistas y autocráticos de la autoridad máxima.

En realidad varios factores convinieron en el fin de Rosas: las restricciones comerciales que les imponía las provincias, el hartazgo de caudillos como Urquiza frente a la tiranía rosista, y la conformación de la alianza Urquiza-Montevideo-Brasil

Urquiza, como gobernador de Entre Ríos, le reclamaba a Rosas la libre navegabilidad de los ríos para poder comerciar directamente con el exterior sin intermediación de Buenos Aires, por supuesto, Rosas se lo negó.

Harto de no ser respetado tejió alianzas externas, hasta con sus rivales ideológicos los unitarios, para poder conformar un frente común a través del Ejercito Grande que terminó por derrotar a Rosas.

Derrotado, y absolutamente solo porque sus aliados políticos y los hacendados de Buenos Aires que tanto lo apoyaron se corrieron de su lado ni bien perdió la batalla, se exilió en Inglaterra, en Southampton, donde falleció a los 83 años en 1877.

 

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