Importancia del Bombardeo de Guernica

Cuando uno mira a la obra maestra de Picasso, capta rápidamente el caos, el miedo, la destrucción y la muerte. Este cuadro no es solamente fruto de una inspiración, si no que es una denuncia de un hecho real: su nombre es el de la población vasca salvajemente bombardeada el 26 de abril de 1937.

Guernica (en euskera, Gernika) es una población vasca muy importante para la historia y el imaginario colectivo de aquel país.

En ella se encuentra el Árbol de Guernica, bajo el cual se reunían las Juntas Generales de Vizcaya y, anteriormente, los señores de Vizcaya iban a jurar los fueros. Este venerable árbol simboliza las libertades del pueblo vasco.

Así que, más que una ubicación estratégica, Guernica tenía una carga simbólica: atacarla, equivalía a atacar las raíces del pueblo vasco, al cual los sublevados querían quitarle la identidad propia para sustituirla por la castellana.

El pretexto utilizado para el ataque fue la presencia de militares republicanos que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao, así como tres fábricas armamentísticas establecidas en la localidad.

El trasfondo real de esta acción debemos encontrarlo en varios factores, siendo el primero de ellos la voluntad represiva de los sublevados, que ya habían llevado a cabo diversos actos sanguinarios contra población civil y combatientes republicanos, como la sangrienta toma de Badajoz.

Por otra parte, los intereses militares alemanes, cuya Legión Cóndor (unidades voluntarias sirviendo en el bando sublevado y utilizando material bélico alemán de nuevo cuño) llevó a cabo el ataque. Para los mandos, era importante probar tácticas, materiales y hombres para obtener resultados y sacar conclusiones de ellos, de cara a una conflagración mundial que ya se entrevía.

El bombardeo dio comienzo poco después de las cuatro de la tarde, finalizando sobre las siete y media.

Además de la Legión Cóndor, también tomó parte en la acción la aviación italiana. Fueron aparatos que después verían acción durante la Segunda Guerra Mundial: los bombarderos germanos Junkers Ju-52, Heinkel He 111 y Dornier Do 17, escoltados por cazas Heinkel He 51 y Messerschmitt Bf 109 por parte germana, con bombarderos Savoia S-79 y cazas Fiat CR.32 por parte italiana.

Pese a que a posteriori, portavoces de los rebeldes indicaron que el objetivo era el puente sobre el río Oka, la munición empleada (incendiaria) no era adecuada para tal tarea.

El pueblo quedó completamente arrasado y, el hecho, es que el puente quedó intacto, realmente como si hubiera sido sacado a colación sólo como excusa a posteriori.

La munición adecuada si el objetivo era volar el puente debería haber contenido algún tipo de explosivo de alta potencia. Mientras, la munición incendiaria carecía de potencia de penetración y de explosión, pero desencadenaba fuegos a alta temperatura, adecuados para acabar con casas y edificios.

Otra prueba de que el objetivo real no era el puente si no dar un escarmiento a la población civil fue el hecho de que los cazas ametrallaron las columnas de civiles que huyeron.

El número de víctimas está en discusión, no hay datos definitivos, pero los estudios más actuales arrojan un balance de entre 250 y 300 muertos.

La primera cifra, que fue la que reprodujeron los medios internacionales, fue facilitada por el gobierno vasco, y apuntaba a 1.645 muertos, una cifra que posteriormente se ha considerado como excesivamente abultada, pese a la imposibilidad antes citada de conocer a ciencia cierta el número de víctimas.

La mayor parte del pueblo fue reducido a cenizas.

Inicialmente, la bando franquista rehusó reconocerse como autor del ataque.

Las primeras declaraciones de los sublevados apuntaron a negar los hechos, culpando del ataque ¡a las propias fuerzas vascas! Su argumento es que habían llevado al cabo el bombardeo para después culparlos a ellos.

Este argumento fue mantenido por el régimen franquista, y pese a las evidencias que lo negaban, hasta sus etapas finales, pasando posteriormente a hablar de un “error de cálculo”.

El bombardeo de Guernica se convirtió rápidamente en un icono antifascista y sobre el horror de la guerra. Picasso empezó a pintar su ya famoso cuadro al cabo de pocas semanas, terminándolo en junio de 1937.

El cuadro, una denuncia del horror vivido ese día, se convirtió en una imagen icónica de inmediato, sirviendo a lo largo de la historia para ilustrar murales y actos diversos en favor de la paz y contra la guerra.

 

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