Importancia de la Campaña del Desierto (1878-1885)

Un singular proceso que sirvió para construir el Estado nacional y delimitar sus fronteras pero que al mismo tiempo fue útil para eliminar aquellos que era entendido como amenaza, el indio. Este proceso se conoció como Campaña del Desierto y fue llevada a cabo por los líderes políticos y militares argentinos de fines del siglo XIX.

Todo proceso histórico tiene su razón de ser

Las últimas décadas decimonónicas encontraron a la Argentina en un mar de incertidumbre, caos y peleas interminables. En este sentido, los líderes militares y políticos que se agruparon bajo el nombre "Generación del 80", serían quiénes tomaran las riendas de la historia y comenzaran a implementar ciertas transformaciones que terminarían por consolidar el Estado argentino tal como lo conocemos hoy.

Pero ese trabajo no fue fácil y uno de los principales obstáculos que estos personajes encontraron fue un territorio indefinido, casi vacío y sin uso y ocupado en algunas regiones por comunidades de indignación que no querían ser integradas el proyecto nacional. Es así que nace la idea de la conquista de ese desierto, de la Pampa húmeda pero sobre todo de los territorios que hoy forman parte del sur de la provincia de Buenos Aires y de la Patagonia. Todas esas tierras deberían ser puestas al servicio de la producción agrícola para exportar y consolidar una economía capitalista, de ahí la ferocidad en el avance y la conquista.

El aniquilamiento como forma de establecer el Estado nacional

Cómo ha ocurrido en la historia de muchos países modernos, la historia del Estado argentino se ha construido sobre la base de muchas muertes inocentes. La Campaña al Desierto (que duró desde 1778 hasta 1885 y que sirvió para encumbrar a Julio Argentino Roca como máximo líder de esa generación política) fue una manera de cimentar las bases de las instituciones argentinas sobre el aniquilamiento, la muerte y el despojo de los pueblos precolombinos que ya a muy duras penas subsistían para fines del siglo XIX.

Lo simbólico de este proceso tiene que ver además con la forma en la que el Estado argentino aprovechó este plan para construir la imagen de un supuesto enemigo, claramente indefenso (aunque no por eso menos peligroso) frente a las capacidades militares del ejército nacional y arrasado de sus tierras y de su poder de autodeterminación. Ese enemigo fue por mucho tiempo señalado como la representación de la barbarie y su eliminación entendida como una justa causa para la supervivencia del Estado civilizado.

Foto: Fotolia - Laufer

 

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