Importancia de la Conquista de Granada

Fue el episodio que completó la llamada “Reconquista”, y que junto al descubrimiento de América, conformaron los grandes hitos del reinado de los Reyes Católicos en los territorios que actualmente conforman España.

Además, la toma o conquista del Reino de Granada es también uno de los hitos que contempla el nacionalismo español, en el marco de una unión dinástica que es tenida por dicho nacionalismo también como una unión territorial.

La conquista del Reino de Granada empieza tras siglos de descomposición de los reinos islámicos en la Península Ibérica, que habían invertido una situación de casi monopolio islámico en la Península Ibérica, a unos reinos cristianos en formación que iban arrebatando territorios a los reinos de la media luna.

El de Granada, establecido en 1238, era en 1481 el último reino musulmán en suelo ibérico, después de que las divisiones internas en el mundo musulmán hubieran afectado especialmente a la península, y a Tierra Santa, donde se habían dado las cruzadas.

La unión dinástica entre las coronas de Castilla y Cataluña-Aragón, había dado como resultado un coloso que podía dejar de lado los conflictos entre ambos territorios, para centrarse en el enemigo común.

La guerra que culminaría el proceso de Reconquista dió comienzo en 1482 de una forma casi “accidental”.

Pese a que teóricamente había paz entre el Reino de Granada y los reinos cristianos, las escaramuzas fronterizas no eran extrañas, provocadas por los señores de la guerra locales. A partir de un determinado momento, estas simplemente subieron de intensidad hasta tal punto, que involucraron a las respectivas coronas.

Hasta 1485, la guerra consistió en una toma e intercambio de unas pocas plazas, con incursiones puntuales y sin grandes movimientos de tropas.

Los Reyes Católicos aprovecharon las disensiones internas existentes en el bando musulmán; cuando tomaron prisionero al caudillo Boabdil, lo liberaron con posterioridad para que luchara por los intereses de los reinos cristianos.

A partir de 1485, la guerra se intensifica, abocando en ella la corona de Castilla (artífice principal de la conquista) más recursos humanos.

La corona catalano-aragonesa (que ostentaba Fernando II) participó solamente con financiación y tropas especializadas (como artilleros), así como con parte de su potente flota.

Mientras los cristianos conquistaban poblaciones situadas alrededor de la capital granadina, en el interior del reino, uno de los pretendientes al trono (El Zagal) conquistaba Granada, mientras que Boabdil capitaneaba un ejército cristiano-musulmán que le llevaba a conquistar la ciudad a su turno.

Boabdil se convirtió en vasallo de Castilla, mientras que El Zagal mantenía el resto del territorio.

Entre 1488 y 1490, este fue siendo conquistado por las tropas cristianas, quedando la capital en manos de Boabdil, quien posteriormente se negó a satisfacer sus condiciones de vasallaje a los Reyes Católicos.

Rendido El Zagal, en 1490 solamente quedaba la capital, Granada, y sus territorios aledaños, por lo que el esfuerzo se centró en esta.

El asalto final a Granada fue más bien un sitio, con poca actividad militar, que duró casi dos años.

Mientras Boabdil negociaba una salida a la situación, contenía como podía una situación interior que era un verdadero polvorín, hasta el punto que, una vez firmado el acuerdo, en el que se daban dos meses para que Boabdil y los suyos abandonaran la ciudad, no fue necesario agotar el plazo por lo disturbios producidos al conocerse los términos del acuerdo.

Finalizaba así el periodo de la Reconquista y empezaba el camino de Castilla para convertirse en potencia global, que recibiría un importante espaldarazo a partir del descubrimiento de América el 12 de octubre de este mismo 1492.

 

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