Importancia de la Democracia de Alfonsín

La presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989) significó no solamente la restauración del sistema democrático en la Argentina tras la cruenta dictadura militar encabezada por el tridente Videla-Massera-Agosti, sino también representó el castigo de todos los militares y funcionarios públicos implicados en el terrorismo de estado y la violación de derechos humanos que se ejerció de manera deliberada y brutal mientras duró (1976-1983).

Icono democrático

Tanto los primeros años de su gestión como su figura quedaron para siempre asociados a la reivindicación de la democracia, la justicia, y la defensa de los derechos humanos.

Se convirtió desde el preciso momento de su asunción, el 10 de diciembre de 1983, en el símbolo de la democracia.

Con la democracia se puede todo

Sus primeros discursos como presidente no dejaron dudas de ese carácter de padre democrático que se ganó, como cuando ante una multitud afirmó: "Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear, que nos dejen de manejar la patria financiera, que nos dejen de manejar las minorías agresivas, totalitarias, inescrupulosas, que por falta de votos buscan las botas para manejar al pueblo argentino..."

Fue elegido por la voluntad de su pueblo que quería imperiosamente dejar atrás siete años de oscura y violentísima dictadura militar que dejó como nefasto saldo: opositores desaparecidos, centros de detención clandestina donde se torturaba a los presos políticos, apropiación de niños nacidos en cautiverio, la guerra de Malvinas, entre otros sucesos.

Recuperar la gobernabilidad, el estado de derecho y castigo a los genocidas

Teniendo como norte el objetivo de recuperar las instituciones, fortalecer el sistema republicano y federal, garantizar la libertad de expresión, y que todos los ciudadanos argentinos gozasen de justicia es que desplegó una serie de medidas contundentes para castigar el exceso militar.

Derogó la autoaminstía que se ocuparon de legalizar los militares antes de dejar el poder, creó la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) que se ocupó exclusivamente de realizar un registro de víctimas y desaparecidos y estaba compuesta por prestigiosos intelectuales, periodistas, escritores, entre otros, e impulsó el juicio a la junta militar y a todos aquellos responsables de crímenes de lesa humanidad.

Prometió hacer justicia... y se hizo justicia

El resultado del juicio fue considerado en el país y el mundo como un hito inédito e histórico para la región: se condenó a cadena perpetua a todos los jerarcas militares.

Un día antes que se cumpliesen dos años de Alfonsín en la presidencia, el 9 de diciembre de 1985, se condenó a los responsables de las tres juntas militares que ocuparon ilegalmente el poder entre 1976 y 1983 por sus gravísimas violaciones a los derechos humanos.

El mencionado informe de la CONADEP que se compiló en el famoso libro Nunca, más (nunca más una dictadura), fue decisivo en el fallo condenatorio ya que en él se reunieron unos 9 mil testimonios con denuncias de ataques arteros a los derechos individuales por parte de los militares.

Una gestión marcada por el diálogo y la defensa de la libertad

Además de las condiciones profesionales que poseía como dirigente político de la Unión Cívica Radical (UCR), avaladas por su larga experiencia en el medio político argentino, fue un incansable difusor y protector de los valores democráticos, inclusive dentro de su propia gestión, cuando episodios lamentables como los ataques carapintadas acecharon la continuidad democrática de la misma, él mismo puso su voz y cuerpo para defenderla al precio que sea.

Por otra parte, esos nuevos aires de defensa a ultranza de la libertad y la paz alcanzaron otros órdenes de la vida civil y de la política: se sancionó la ley de divorcio (1987), se restableció la ley de patria potestad compartida (1985), y se selló un tratado amistoso entre Chile y Argentina (1984) por las diferencias sobre la soberanía del Beagle que casi llevó a ambas naciones a resolver la cuestión por la vía armada.

Si bien cumplió con honor y efectividad el rol de guardián de la democracia, al cual destinó todos sus esfuerzos, no pudo contrarrestar la crítica situación económica que heredó y que se agudizó con el correr de los años.

Entregó anticipadamente el poder a su sucesor del Partido Justicialista (PJ) Carlos Menem para evitar que la escalada hiperinflacionaria, y otras problemáticas políticas y sociales, echasen a perder la gobernabilidad que costó tanto conseguir.

 

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