Importancia del Derecho Divino

En la historia de la política se han creado y desarrollado diversos modos, cada uno muy particular, de legitimar el poder y la hegemonía de determinados actores sociales sobre otros. Una de estas formas se ha vinculado desde ya muy temprano en la historia humana (y hasta la actualidad) a la política con la religión, permitiendo entonces que aparezca un concepto interesante y a la vez central de comprender: el derecho divino.

Explicando la idea que vincula a la religión con la política

Desde muy temprano en la historia de las sociedades humanas tanto la política como la religión han ganado un lugar de ejercicio del poder muy claro. Quienes poseían el mando de la política o de la religión siempre han sido responsables de ejercer el poder, de mandar y dar órdenes, de establecer pautas de comportamiento y valores. Cuando la política se ha vinculado directamente con la religión ese poder se convirtió en la hegemonía de ciertos sectores sociales sobre otros de un modo absoluto y sin cuestionamiento posible.

En la actualidad, las sociedades occidentales suelen estar acostumbradas a la separación de ambas esferas, al menos en el ámbito público y se suelen ver a gobiernos que aún mantienen esa unión como algo atrasado, primitivo y peligroso. Sin embargo, sería interesante remarcar que hasta hace poco en nuestra historia también se dio el mismo fenómeno que, en un momento dado, supo ocupar y caracterizar a todos los países de Europa.

El derecho divino en las monarquías europeas previas a la Revolución Francesa

En ese período histórico que los especialistas han dado en llamar Antiguo Régimen y que tuvo especial fuerza en los siglos XVI y XVIII en Europa, una de las principales características fue la presencia y consolidación de un número importante de monarquías hereditarias que legitimaban su poder y su hegemonía sobre los disidentes a partir del concepto de derecho divino.

Aquello que aquí llamamos derecho divino era comprendido como la legalidad que la religión le daba al poder. Estas monarquías absolutas y muy poderosas basaban su poder en la legitimación que el vínculo que el rey de turno mantenía supuestamente con el dios. Uno de los casos más representativos fue Luis XIV en Francia, quien se hacía llamar "Rey Sol".

Las críticas de la Revolución Francesa a este tipo de legitimación del poder

Cuando nos acercamos al cierre del siglo XVIII, una de las críticas más directas y profundas que los pensadores de la época le hicieron a las monarquías reinantes en Europa fue justamente el uso de esta noción de herencia y pertenencia divina de los reyes. Entendían que era una manera atrasada y primitiva de justificar la concentración del poder e insistían en el predominio de la razón y en el desarrollo de formas políticas que permitieran encontrar métodos de control a aquellos que se encontraran gobernante eventualmente.

Imágenes: Fotolia. satori - crisfotolux


 
 

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