Importancia de distinguir el Bien del Mal

En los preceptos religiosos, los principios éticos o en las normas legales hay normalmente una referencia explícita al bien y al mal. Ciertas acciones son consideradas buenas y deseables, mientras que otras son malas y deben evitarse. Distinguir unas de otras es una cuestión fundamental para cualquier individuo y para cualquier sociedad. De lo contrario, se cometen injusticias, abusos y desórdenes.

El problema de la distinción entre las dos caras de una misma moneda

En principio, todos sabemos que robar es malo. Este principio es aceptado por todos y no hay ninguna cultura que afirme lo contrario. Sin embargo, en ciertas ocasiones excepcionales el robo puede tener una justificación. Así, si alguien roba comida de un establecimiento para dar de comer a sus hijos, en sentido estricto está realizando una conducta contraria a la ley y a las buenas costumbres, pero la finalidad de su acción es legítima y respetable.

Decir la verdad y no dar un testimonio falso es un principio general que todos aceptamos como válido. A pesar de ello, sabemos que la verdad puede ser ofensiva, dañina o problemática. En ciertas circunstancias podemos dudar sobre qué es lo correcto: ser sinceros y provocar un daño o bien mentir y evitar un sufrimiento innecesario.

En ocasiones, en nombre del bien se provocan daños en los demás y cuando esto ocurre habría que plantearse si la idea de bien es realmente la correcta

En este sentido, muchos procesos revolucionarios se han iniciado con excelentes propósitos y han terminado en abusos y atrocidades.

Desde una visión histórica, lo que antiguamente era algo malo y pecaminoso (por ejemplo, la homosexualidad) hoy es considerado como una conducta normal y respetable.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche defendía la tesis de que las ideas de bien y mal deben ser superadas, pues ambas han surgido en un contexto cultural determinado y se han impuesto como si fueran ideas absolutas.

Como no hay una fórmula para distinguir definitivamente, lo único que podemos hacer es tener algún criterio moral para diferenciar cuál debe ser la valoración correcta.

El papel de la conciencia de culpa

Si alguien actúa de manera equivocada es probable que no reconozca su error en un primer momento. No obstante, al reflexionar con serenidad sobre la acción cometida, su conciencia actuará como un juez y dictaminará si realmente ha obrado de manera acertada o equivocada. Tenemos conciencia de culpa porque sabemos diferenciar entre el camino correcto y el equivocado.

Para que nuestra valoración moral sobre lo que es correcto tenga sentido, hemos de aprender previamente una serie de normas y reglas. No se trata de aceptarlas porque sí, sino de comprender su sentido y su auténtico valor.

Quien realiza el mal y no es consciente de ello es probable que nadie le haya enseñado a distinguir entre el bien y el mal.

Imágenes Fotolia: Paulo Resende, Akira

 

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