Importancia de los signos de dolor en el cuerpo: ¿Aliado o enemigo?

El motivo de consulta más frecuente al médico es y ha sido siempre el Dolor. Seguramente esta molestia le ha acompañado en varias oportunidades en su vida, presentándose en una gran variedad de formas, intensidades y localizaciones; por lo general se asocia con traumatismos, lesiones, excesos o bien se presenta sin una causa aparente, siendo percibido como algo desagradable. El dolor es una sensación y como tal es experiencia muy propia de quien la padece, tanto física como emocional, que es debida o se relaciona con un daño al organismo.

Somos capaces de percibir dolor ya que nuestro cuerpo está dotado de una serie de sensores conocidos como Nociceptores que son activados tanto por sustancias químicas como por factores de tipo mecánico, esta activación hace que se generen señales que viajan al sistema nervioso con el fin de hacer consciencia de el hecho que está ocurriendo y tomar acciones para evitar este daño, como es el caso de retirarse o dejar de hacer algo en particular.

Se pone así en evidencia que el dolor constituye un síntoma de alarma que nos permite tomar una acción para evitar un daño mayor, no sentir dolor pone en riesgo la vida, como ocurre con las personas que padecen de Insensibilidad Congénita al Dolor, una rara enfermedad en la que quien la padece puede percibir sensaciones como el tacto, la presión, frío o calor pero no siente dolor, lo cual hace que estos individuos tengan una alta mortalidad en edades jóvenes por traumatismos, amputaciones y quemaduras.

Ahora bien, hemos hablado sobre el dolor asociado con traumatismos o eventos puntuales, un dolor que tiene una duración definida en el tiempo que es conocido como Dolor Agudo, suele permanecer unos pocos días o semanas y desaparece tras la resolución de la causa que lo produjo, esto sucede en aproximadamente el 70 % de los casos.

Existe otro grupo de personas en los que una vez que desaparece o se resuelve la lesión persiste el dolor, aunque ya no existan los estímulos que desencadenen esta sensación. Entramos entonces en el terreno del Dolor Crónico, aquí el dolor ya no es un factor protector sino que pasa a ser una enfermedad en sí mismo.

El dolor crónico obedece a causas complejas y en algunos casos poco comprendidas, su principal mecanismo es la lesión del sistema nervioso, lo cual hace que se generen señales de forma espontánea que bombardean al cerebro con información de un daño que no existe; este dolor, conocido como Dolor Neuropático, suele ser menos intenso que el dolor agudo pero más molesto por ser constante e involucrar sensaciones como ardor, pinchazos, corrientazos e incluso adormecimiento en el área dolorosa. El dolor crónico involucra además una serie de cambios fisiológicos como la falta de movilidad, rigidez, perdida de la masa muscular, con alteraciones emocionales, trastornos del sueño e incluso importantes cambios en la dinámica personal y familiar.

Si partimos del origen del dolor debemos entender que su tratamiento es muy amplio, dependiendo de los mecanismos involucrados en su origen, por lo que debe estar indicado y guiado por un especialista. Eliminar un dolor sin conocer la causa que lo produce no es una buena práctica médica, el algo así como apagar la alarma pero dejar el incendio.

 

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