Importancia del Eclecticismo

Ciertas disciplinas y áreas del conocimiento se basan en una combinación de diferentes corrientes y principios. Cuando esto ocurre se habla de eclecticismo. La persona que practica el eclecticismo en una disciplina o actividad se interesa por todo aquello que puede ser útil y conveniente para lograr sus objetivos.

Una actitud abierta que puede ayudar a combatir el fanatismo

Muchos planteamientos filosóficos, religiosos o culturales son dogmáticos, pues se basan en unos principios fijos e inamovibles. Esta tendencia conduce en ocasiones al fanatismo y al sectarismo, pues solo se acepta una verdad y todo lo demás carece de interés. Sin embargo, los enfoques eclécticos permiten escoger lo mejor de cada corriente y crear con ello una nueva tendencia.

Pensemos en un individuo que se presenta como ateo y al mismo tiempo católico. En principio, se trata de un postura incompatible, pero en realidad es perfectamente posible, pues no creer en un dios no implica necesariamente que se rechacen las tradiciones católicas de una comunidad. Este ejemplo nos recuerda que el eclecticismo es, por encima de todo, una forma abierta de entender la vida. En cualquiera de sus manifestaciones el eclecticismo implica pensar sin etiquetas fijas y mezclar aquello que inicialmente estaba separado.

Un punto de encuentro

La palabra ecléctico viene del griego eklektikos, que quiere decir el que elige. En las propuestas eclécticas se elige precisamente la fusión de realidades distintas: arte y ciencia, arte clásico o moderno, religión y razón, capitalismo y comunismo y, en definitiva, la simbiosis de planteamientos aparentemente contrarios. Este tipo de combinaciones conlleva un punto de encuentro que permite mantener un cierto equilibrio.

El equilibrio entre cuestiones contrarias está presente en el propio ser humano, pues somos cuerpo y mente, es decir, la combinación de una realidad material y de una realidad no material o espiritual.

Encontrando el equilibrio

Para Aristóteles la virtud se encuentra en el término medio. Con este principio se indica que la conducta deseable es aquella en la se presenta una adecuada armonía y equilibrio (por ejemplo, entre la cobardía y la valentía irracional habría un término medio que sería el comportamiento más aconsejable).

Esta idea se fundamenta en un planteamiento ecléctico, ya que la propuesta ética final es el resultado de una combinación de contrarios.

Imagen: Fotolia. Bobb Klissourski


 
 


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