Importancia de la Familia

Es muy probable que al pensar en la idea de familia nos venga a la mente la siguiente imagen: un hombre y una mujer casados, y uno o varios hijos. Si bien éste es el modelo más extendido y tradicional, existen múltiples estructuras familiares y que son cada vez más aceptados. Independientemente de cuál sea la estructura de cada una, todas tienen elementos en común.

La dinámica ha cambiado y actualmente uno encuentra parejas de mismo sexo estableciendo los parámetros de una familia, gracias a una lucha interminable por la igualdad de derechos y posibilidades. El casamiento entre dos hombres o mujeres, y la oportunidad de adopción son realidades en varios países, tendencia que se expande paulatinamente.

Por su parte, los lazos del corazón pueden ser tan fuertes o más que aquellos sanguíneos, porque lo que mueve y empuja a las personas gira alrededor del amor.

La dimensión afectiva y la convivencia

En todo núcleo familiar hay sentimientos profundamente arraigados. Si impera el amor se impone normalmente la armonía y el respeto. Por el contrario, los sentimientos dañinos como el rencor o la envidia provocan normalmente conflictos y enfrentamientos.

La cuestión de la convivencia es uno de los problemas típicos en la mayoría de familias, especialmente cuando los hijos crecen y cuestionan la autoridad de sus padres.

En este marco, la importancia de la familia estriba principalmente en dos pilares fundamentales para la existencia del ser humano: por un lado, la familia brinda al recién nacido protección, cuidado y cariño, enseñándole a través de esas cosas reglas de comportamiento, dónde está el peligro, qué cosas no se deben hacer, cómo ser sano, cómo ser saludable, qué significa cada sensación, etc. Esto es así ya que un bebé (de cualquier tipo, no sólo humano) al ser abandonado sin ningún tipo de cuidado o protección de posibles peligros no podría sobrevivir por sí solo.

Para los seres humanos, el cuidado y la protección de los padres es necesaria hasta la edad de la adultez, momento en el cual se entiende que la persona ya puede valerse y cuidarse por sí misma (en términos de edad, la adultez varía de país en país pero se suele establecer alrededor de los 16 a 18 años).

Pero otro de los factores de la familia, especialmente de la humana, es la posibilidad de establecer una comunicación con otros seres, fenómeno que le permitirá a uno luego adaptarse a la sociedad en la que viven otros individuos. Se estima usualmente que al recién nacido suele llevarle un tiempo comprender que la madre es un ser distinto a él mismo y allí es donde cumple un rol fundamental el padre, separándolos pero también permitiéndole al bebé comprender lentamente que es parte de algo mayor que sí mismo.

Un ámbito de aprendizaje

Aprendemos en la escuela, en el trabajo, con los amigos y de manera autodidacta. Sin embargo, donde realmente nos formamos como individuos es en el seno familiar. De nuestro núcleo más directo aprendemos comportamientos, aficiones y pautas para la vida diaria. Lo que recibimos tiene, lógicamente, dos caras: todo lo que ennoblece el espíritu y todo aquello que nos afecta negativamente.

¿Por qué el grupo familiar se relaciona con la supervivencia?

Para entender esto es interesante hacer el siguiente planteo: ¿qué pasaría con un bebé o con un niño recién nacido si fuera abandonado, tanto en el medio de la naturaleza como en una gran ciudad? La realidad es que si ese niño no recibiera atenciones inmediatas no podría sobrevivir. Del mismo modo que ocurre con el resto de los animales, la familia tiene como primera función recibirnos en este mundo y brindarnos todas aquellas cosas y atenciones sin las cuales no podríamos vivir por ser seres absolutamente indefensos.

El rol de cuidado, protección y amor puede ser ocupado tanto por nuestros parientes reales, biológicos y consanguíneos así como también las personas que ocupen ese rol en el caso de haber perdido contacto con los primeros. Este es el caso de un niño que pierde a sus padres, que es abandonado o separado de ellos y que debe pasar a estar al cuidado de otras personas. En cualquiera de los dos casos, quienes nos protegen y aseguran la supervivencia son entendidos como la familia de la cual nunca podremos ya deshacernos completamente.

Nuestra trayectoria personal

En cualquier biografía hay un apartado de gran trascendencia: el relato de las circunstancias familiares directamente relacionadas con el personaje. De alguna manera, la trayectoria de cada individuo empieza con las semillas que van creciendo en el seno familiar.

Si un psicólogo tiene que comprender la situación de un paciente es imprescindible que conozca el rol de los diferentes miembros de su familia. Si un profesor detecta un comportamiento extraño en uno de sus alumnos, lo primero que hará es ponerse en contacto con sus padres. En pocas palabras, nuestra personalidad y temperamento dependen de las relaciones de convivencia que tengamos en el núcleo familiar.

El modelo autoritario se ha debilitado en las últimas décadas

Históricamente el padre de familia era, y en algunos casos todavía es, el que imponía su voluntad sobre los hijos y la esposa. El autoritarismo del patriarcado poco a poco se ha difuminado y en la actualidad las pautas de convivencia se acuerdan a partir del diálogo.

Si bien el espíritu democrático es en principio algo positivo, se corren algunos riesgos: que los hijos impongan su voluntad de manera caprichosa, que cada uno haga lo que le apetece y que no haya ningún criterio de autoridad.

 

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