Los primeros años del siglo XXI constituyen sin dudas un momento histórico para el género humano, dado que el acceso a la información ha alcanzado proporciones jamás descritas con anterioridad. Sin embargo, la formación necesaria para capitalizar esa información no ha crecido de forma acompañante.
En este ámbito, sobresale la condición casi imprescindible de la formación continua como una herramienta para los tiempos modernos. Si bien no se cuenta con una definición consensuada de esta herramienta, es lícito considerarla como el conjunto de programas o de recursos, tanto teóricos como pragmáticos, que permiten continuar con la educación más allá de los parámetros convencionales de la escuela secundaria o de la formación universitaria.
En el amplio abanico de la formación continua se incluyen los numerosos cursos educativos que aseguran la enseñanza o el perfeccionamiento del aprendizaje de idiomas, los módulos de aplicación informática para alumnos no convencionales, las cursadas de capacitación en variados oficios, los cursos digitales a distancia, las pasantías para jóvenes profesionales y un sinnúmero de opciones en franco y decidido crecimiento. Esta formidable variedad tiene su origen en el sorprendente poder de difusión que Internet ha dado a los docentes, con la capacidad de transmitir sus conocimientos y experiencias con modalidades y estrategias que incluyen los contenidos multimedia, la versatilidad lingüística y la posibilidad de interacciones mediante foro o espacios de debate. Estos beneficios permiten a los docentes una interesante retroalimentación en la cual, a su vez, logran ventajas de la formación continua para su propia capacitación.
La velocidad de los cambios que surgen en forma reiterada en términos de las nuevas tecnologías no siempre se ha acompañado de las correspondientes variaciones en la organización laboral. A esta discrepancia se incorporan los fenómenos de globalización del propio trabajo y la apertura de métodos de desempeño laboral a distancia. Como consecuencia lógica, la demanda de empleo ha crecido, sin que la oferta se haya incrementado de forma paralela. Esta mayor competitividad motiva la necesidad de adaptación; se comprende entonces la importancia de la formación continua para lograr una mejor inserción en un entorno difícil y que requiere de individuos con adecuados recursos para crecer en las esferas laborales y personales de un modo acorde a las dificultades de los tiempos vigentes.
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