Importancia de la Guerra de Kosovo

El polvorín balcánico ha sido, desde hace siglos, escenario de numerosos enfrentamientos armados cuyos actores han sido tanto locales como potencias extranjeras, el último de estos en una región que, hasta antes de sumirse en la guerra, pocos conocían: Kosovo.

La guerra de Kosovo enfrentó, entre febrero de 1998 y junio de 1999 al ejército yugoslavo contra las milicias independentistas albanokosovares. A partir de enero del 99, el conflicto incluiría una fuerza militar de la OTAN que combatió ayudando al bando albanokosovar.

La Yugoslavia que emergió de la época de la Segunda Guerra Mundial presidida por Tito mantenía un precario equilibrio entre todos los pueblos que componían el estado, en forma de repúblicas federadas.

Mediante las concesiones y la represión, Tito encontró una fórmula de equilibrio que enmascaraba y escondía una realidad que empezó a saltar por los aires a partir de su muerte en 1980, y que llegó a un punto de no retorno en junio de 1991 con la declaración de independencia de Eslovenia.

A partir de aquí, se dieron una serie de conflictos, que tuvieron su clímax con la larga y sangrienta guerra de Bosnia.

Como en todas las repúblicas de Yugoslavia, en las que habían ido creciendo los sentimientos nacionalistas, Kosovo no fue una excepción.

A finales de los ochenta, Kosovo disfrutaba de una cierta autonomía, pero no se habían cumplido los deseos de la población de origen albanés (mayoría) de constituirse en la séptima república de la federación. Ello llevó a que sus sentimientos fueran los de pedir ir un paso más adelante, hacia la independencia.

Tras la independencia de Croacia y Bosnia, los enfrentamientos entre milicianos irregulares albanokosovares, partidarios de la independencia, y las fuerzas de seguridad serbias, fueron aumentando, lo que sirvió de excusa a Slobodan Milosevic (presidente de Serbia) para liquidar la autonomía.

El clima de violencia iba en aumento, y el Ejército de Liberación de Kosovo protagonizó, a mediados de los 90, una serie de acciones contra las fuerzas de seguridad serbias (policía y ejército).

Las milicias kosovares se alimentaron del material de guerra procedente de Albania.

El país era un auténtico arsenal debido al temor que su líder comunista durante la guerra fría, Enver Hoxha, tenía de una invasión externa y de una revuelta interna, por lo que el país estaba muy militarizado. Y en el caos ocurrido después del hundimiento del régimen, buena parte de este armamento desapareció.

O, más bien, cambió “discretamente” de manos. Una parte fue a las guerrillas albanesas de Kosovo. Además, a posteriori, se rumoreó que el Ejército de Liberación de Kosovo había recibido instrucción militar y apoyo por parte de los Estados Unidos y el Reino Unido, aunque esto no ha podido ser demostrado fehacientemente.

En 1997, las guerrillas albanokosovares intensificaron su ofensiva contra las fuerzas de seguridad yugoslavas, y estas se vengaron incluso en la población civil.

Ello motivó condenas internacionales e incrementó las acciones de uno y otro bando mediante la “lógica” -que, en este caso, paradójicamente carece de toda lógica- de la acción-reacción.

A esta altura (y en los meses que seguirán), como en todo conflicto armado, ambas partes son culpables de atroces crímenes de guerra, cometidos tanto contra combatientes, como contra civiles.

El 23 de septiembre de 1998, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vota una resolución (la 1199) que muestra su preocupación sobre la situación en la región.

Sólo un día después, la OTAN emitía una alerta para preparar sus tropas para una posible intervención. Sólo unas semanas antes, el Presidente norteamericano en la época, Bill Clinton, había afirmado que no habría tropas terrestres estadounidenses sobre el terreno.

Todo apuntaba a una intervención exclusivamente aérea, como después efectivamente sería llevada a cabo, pero que en el momento era algo muy novedoso

Los intereses del conflicto en Kosovo iban más allá de la simple vista; Rusia, tradicional aliada de Serbia, apoyaba a esta última, y por oposición, los Estados Unidos a los albanokosovares.

El 15 de octubre del 98 se conseguía la firma de un alto el fuego por parte de ambas partes, que sería violado también por las dos y que se rompería definitivamente en diciembre del mismo año, pero que había dejado un corto margen de tiempo para la entrada de observadores internacionales en el país que, no obstante, jugaron un papel irrelevante si no es por dar a la OTAN y los EEUU una excusa para su posterior intervención.

El descubrimiento de la masacre de Račak, en la que murieron 45 albanokosovares, y de la que se acusó a Slobodan Milosevic en su juicio en el Tribunal Penal Internacional, aunque posteriormente haya sido puesta en duda, fue el detonante de una mayor intervención por parte de la OTAN, que llamó a todas las partes a la conferencia de Rambouillet.

El esfuerzo para conseguir una paz pactada fracasó, toda vez que ponía contra las cuerdas la integridad territorial de Yugoslavia al exigir la entrada de una fuerza de interposición de la OTAN para proteger una amplia autonomía kosovar, lo que a la práctica otorgaba a dicha región la independencia de facto.

El acuerdo fue rechazado por Serbia, lo que llevó a una campaña de bombardeos contra Yugoslavia por parte de la OTAN que se extendió desde el 24 de marzo hasta el 10 de junio de 1999.

Finalmente, el gobierno yugoslavo claudicó, cediendo ante la presión internacional. Kosovo obtuvo una polémica independencia que, a día de hoy, no todos los países han reconocido (un ejemplo es España, temerosa que el precedente de una independencia declarada unilateralmente pueda algún día facilitar el reconocimiento de Cataluña por parte de otros países).

La conclusión a nivel militar fue que una guerra convencional podía ser ganada mediante, solamente, una intervención aérea.

 

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