El período más importante del crecimiento del ser humanos es la infancia, sin lugar a duda, de manera que su importancia es simplemente fundamental a ser analizada y considerada. En ella, uno de los elementos más valiosos que ayudan al desarrollo es el juego. El juego entendido en un amplio sentido, no solamente en la parte lúdica o divertida, permitiendo agilizar la mente y el cuerpo.
A través de éste, si el niño potencia y desarrolla desde los temas sociales, afectivos, va poco a poco creando su mundo y, posteriormente, cuando tenga más edad, su personalidad. Tenemos que tener claro que el juego en un principio le ayudará a entender su entorno y y creará en él una seguridad. A través de los estímulos de sus padres, tanto de la madre como el padre, y demás familiares, el niño reconocerá a las personas que le rodean y creará lazos afectivos con las mismas, lo que implica el descubrimiento de un universo que, hasta ese momento, no existía. Esto, lo que hace es desarrollar confianza en el niño y ayudarle a entrar en otro espacio de ocio.
Las relaciones personales del niño -cuando tiene una ya es suficiente- comienzan a entrelazar sobre todo cuando inicia las clases, bien en la guardería o en primaria. El niño tiene que aprender en las clases a socializar con otros niños que no tienen nada que ver con él a nivel familiar y que, al tener padres diferentes, tendrá reacciones completamente diferentes a las suyas. Esto obliga al niño a llegar a acuerdos para jugar, pedir cosas, trabajar en la clase y también hacer caso a los profesores con los que el niño esté. Así, se logra potenciar el lado social del niño que, de alguna manera, más adelante irá profundizando pero que, en un principio, choca con los estímulos del niño que hasta ese momento eran mucho más afectivos y protectores. Esto, además de ir ayudando a su independencia, crea unos lazos en los que la amistad y el compañerismo son muy relevantes en el juego.
Mediante el juego el niño desarrolla su mundo como su espacio personal. Además de plantear los lazos afectivos con las personas mayores y familiares de su entorno, y otro tipo de lazos más sociales al iniciar su etapa escolar, como hemos dicho anteriormente, también ayuda a desarrollar la imaginación en el niño, algo muy destacado en el desarrollo cerebral, y también el lenguaje, algo esencial a la hora de querer comunicarse con los demás. Partiendo de balbuceos y continuando con repeticiones de sílabas inconexas que van formando en un momento dado una palabra reconocible por los adultos, como mamá o papá, el niño poco a poco tiene la necesidad de hacerse entender, y mediante la premisa del lenguaje consigue esto.
Como observamos, el juego, además de un elemento lúdico y de diversión, es un evento de aprendizaje esencial para el desarrollo del pequeño ya que, gracias a él, establece multitud de relaciones que le van a ayudar a crecer y a relacionarse con los de su edad y con los mayores, además de aumentar el vínculo que existe entre los padres y él mismo.
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