Importancia de NO ser Envidiosos

La envidia es un sentimiento muy común y forma parte de la condición humana. Normalmente tiene un ingrediente muy dañino, pues implica dosis importantes de odio y de malestar interior.

La tendencia a compararnos con los demás

En la envidia se produce habitualmente una comparación con alguien. Así, un individuo se compara con otro y cree que los méritos o logros de la otra persona son inmerecidos e injustos. A partir de esta emoción inicial, se desea aquello que tiene el otro debido a un complejo de inferioridad o a cualquier otro desajuste emocional.

Como pauta general, sentimos envidia por las personas de nuestro entorno personal, ya sean amigos, vecinos o compañeros de trabajo.

El envidioso se siente infeliz porque no tiene aquello que considera que debería tener. Su infelicidad le produce rabia e impotencia. Ante esta situación, podemos hacer algo para evitar compararnos con los demás y dejar de sentir envidia.

Superar el sentimiento de envidia es una victoria personal que nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos

En muchas ocasiones el envidioso comete un error en su planteamiento inicial: considera que si tuviera lo que otros poseen sería una persona más feliz. Esta idea no tiene fundamento porque la felicidad no depende de los éxitos alcanzados sino de nuestro bienestar interior. Todos sabemos que hay personas infelices con todo tipo de bienes y personas muy felices con escasos medios y posesiones.

Para dejar de ser envidiosos podemos dialogar con nosotros mismos con un planteamiento sincero y preguntarnos si lo que posee el otro es realmente merecido o no. Si alguien ha luchado por conseguir algo y finalmente alcanza el triunfo, es absurdo que tengamos envidia por ello, pues se trata de algo totalmente razonable y justo. Por el contrario, si alguien no se merece el éxito y a pesar de ello lo consigue, esta situación no tiene por qué afectarnos a nosotros.

Si se consigue superar la envidia se obtienen múltiples beneficios: desaparece la rabia interior, el complejo de inferioridad se elimina y se produce un aumento de la autoestima personal.

El pecado capital más absurdo

Si analizamos los siete pecados capitales, nos encontramos con el hecho de que la envidia es realmente absurda porque no produce ningún beneficio y solo genera frustración.

Al dejamos llevar por la lujuria, obtenemos placer. Cuando la pereza nos invade, estamos tranquilos. El deseo de comer, la gula, proporciona igualmente una satisfacción personal evidente. Tras una explosión de ira nos podemos sentir desahogados.

Quien tiene avaricia normalmente acumula bienes y puede disfrutar de ellos. Si somos soberbios nos creemos superiores a los demás y de esta manera nos sentimos bien. En cambio, la envidia no va acompañada de ninguna ventaja o satisfacción y solamente genera rencor e impotencia.

Imagen: Fotolia. Kzenon


 
 


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