La importancia de las prácticas éticas en cualquier disciplina radica en que generan confianza entre los actores intervinientes. En efecto, la observación de un código de conducta observable y reconocible garantiza que existan unas reglas de juego para cualquier situación que se debe afrontar. Por el contrario, el comportamiento errático y que tiene en poca cosa el hecho de causar perjuicio a terceros genera como contrapartida un enorme dejo de desconfianza. Este hecho en apariencia banal es la diferencia entre el establecimiento de relaciones duraderas con beneficio mutuo y la imposibilidad de las mismas. La ética es fundamental para cualquier actividad humana.
Si bien es cierto que pueden existir diversas valoraciones al respecto, diversas visiones en lo que sería o no lo adecuado, lo importante en todo caso es que dicho código ético intente buscar lo mejor para las partes intervinientes. Ciertamente, un individuo que tiene un comportamiento previsible y que con el mismo se orienta al bien común, despierta una enorme confianza. La confianza es la base sobre la que se pueden establecer relaciones y el comercio puede funcionar; la ética ante todo debe fomentar este aspecto tan relevante de las relaciones sin el cual sería imposible cualquier tipo de convivencia y de interacción.
Cualquier práctica ética debería formularse sobre la regla de oro, aquella que reza que debemos tratar a los demás como queremos ser tratados por ellos. En otras palabras, siempre se debe poner por delante como consigna el hecho de buscar el beneficio mutuo. Este tipo de concepto debería atravesar cualquier tipo de práctica profesional y comercial. Si se puede manifestar este tipo de actitud es harto probable que se abra una enorme cantidad de oportunidades de desarrollo en diversas áreas. Luego, cada caso particular deberá expresar aspectos específicos, pero desde un punto de vista general esta es la base de todo buen desempeño en el aspecto ético.
Así como nos vemos orientados a desarrollar prácticas éticas en nuestras actividades cotidianas, también debemos exigirlas de terceros. En efecto, que exista una actitud bien intencionada debería ser un elemento central a la hora de evaluar si deseamos o no establecer una relación de algún tipo con alguien. En el caso del mundo laboral este tipo de situación es harto más crítica puesto que siempre existen muchos motivos de verse perjudicado de alguna manera, perjuicios que en ocasiones son difíciles de subsanar de forma satisfactoria. Así, las prácticas éticas siempre deben considerarse como una avenida de dos vías, una hacia nosotros y otra hacia los demás.