Importancia del Renacimiento

RenacimientoPese a que, si somos fieles a la historia, ni la Edad Media fue un periodo tan oscuro como se ha pintado, ni el Renacimiento uno tan luminoso, lo cierto es que sí se destacó como un periodo en el cual el ser humano tuvo la voluntad de volver al camino de la ciencia y la lógica inaugurado por los filósofos griegos y que había dominado en las élites culturales del Imperio Romano, hasta la llegada de un cristianismo que, en muchos casos, se presentó como fanático y dogmático.

El Renacimiento es un periodo histórico situado a caballo entre los siglos XV y XVI e iniciado en Italia pero que afectó a Europa, en el que se busca volver a unos valores de la edad clásica (Grecia e Imperio Romano) idealizados (es decir, no estrictamente reales), y que resulta en el impulso de un tipo de arte más vital, de la ciencia y el humanismo.

Los máximos exponentes culturales de este movimiento debemos buscarlos en Italia, con nombres tan célebres como el arquitecto y escultor Filippo Brunelleschi, los pintores Rafael, Botticelli, Tiziano y Tintoretto o los artistas multidisciplinares Miguel Ángel y Leonardo da Vinci paradigmas del hombre renacentista: escultores, arquitectos, pintores, escritores, inventor,...

Italia tenía todos los componentes para ser la cuna del Renacimiento, con una serie de pequeños reinos independientes a los que hacer la guerra les costaba más que rivalizar en cultura y arte.

Además, los personajes y las familias que buscaban ser influyentes en sus comunidades y en estos reinos, encontraron una vía de escalar hacia el poder mediante el patrocinio de artistas y obras, de forma que sus conciudadanos apreciaran su poderío y les brindaran su apoyo.

Políticamente, algunos de estos reinos optaron por formas de gobierno republicanas o inspiradas en la república, lo que garantizaba mayor libertad a los individuos.

A esto, finalmente, debemos añadirle el hastío al férreo control social promulgado por una iglesia que también estaba cambiando debido a los nuevos retos que se le planteaban tras una época como la de las cruzadas.

El contacto comercial con los pueblos árabes y, a través de estos, con el lejano oriente, permitió expandir el horizonte cultural de los estados cristianos europeos.

Así, Europa se reencontró con los clásicos griegos y latinos, prohibidos y perseguidos o, por lo menos, desacreditados por la iglesia durante siglos. Esto aportó un nuevo aire a la cultura europea, que quiso volver a unas ciertas raíces. Empieza a darse una cierta separación entre la iglesia y el estado, entre la religión y la vida civil, aunque este camino no se completará en algunos casos hasta los siglos XIX-XX.

Otros factores que desembocaron en el Renacimiento fueron los grandes descubrimientos geográficos (cuyo cénit sería en el nuevo continente americano, nuevo para los europeos, claro...) y el incremento del peso social de las ciudades.

Una nueva clase social, el burgués (literalmente, habitante de una ciudad, burgo) hace su aparición en escena, caracterizado por un cierto poder adquisitivo y que, además, quiere mostrarlo, patrocinando manifestaciones artísticas, culturales y científicas.

El retorno a los ideales clásicos no se ancla en adoptarlos y punto, si no que estos mismos ideales animan a la exploración científica en todos los campos.

Así, Nicolás Copérnico abría las puertas a comprender mucho mejor nuestro lugar en el cosmos, cuyos descubrimientos serían completados por Galileo Galilei en época posterior, aunque no aprobados hasta el siglo XVIII por la iglesia.

También en otras áreas como la anatomía (con el aragonés Miguel Servet descubriendo la circulación pulmonar de la sangre, por ejemplo), la medicina o la geografía, se experimentan avances que, si bien no son tan grandes como muchas veces se nos ha explicado, sí cimentan las bases para un espectacular crecimiento futuro que desembocará, en un primer estadio, en la revolución industrial, la cual llevará a nuestra actual sociedad que parece que está mutando en una segunda fase a la llamada “sociedad de la información” o del conocimiento.

Históricamente, el punto de partida del renacimiento es la Florencia de la familia Medicis y, de ahí, se extiende por “contagio” (aunque en este caso benigno, se entiende) al resto de Italia.

Durante el siglo XIV, será Florencia y los estados del norte de Italia quienes marquen la pauta renacentista, siendo sustituidos por una Roma que recupera su esplendor gracias a una iglesia que se ha dejado seducir por el Renacimiento en el siglo XV. Italia se convertirá en el faro del mundo artístico y cultural en aquella época.

La península italiana era un hervidero también a nivel político, y probablemente los italianos no pudieron salir a conquistar el mundo como lo habían hecho los romanos siglos antes, por su falta de unidad política a la cual, además, colaboraban las potencias extranjeras con intereses en la península de la bota.

Francia y la monarquía hispánica tenían ambas intereses en Italia, y luchaban aliándose con un reino u otro según sus conveniencias.

Así, y a través de las posesiones catalanas en el sur de Italia, la monarquía hispánica (que detentaba los tronos de la Corona Catalano-Aragonesa y del reino de Castilla-León) luchaba por tener más influencia en la península itálica con Francia, que disponía de posesiones en el norte y parte del centro.

El Milanesado, por ejemplo, fue territorio de constante disputa entre ambas potencias.

Con este constante intercambio entre Italia y otros países, no es de extrañar que el Renacimiento sedujera rápidamente a los monarcas y potentados de otros países, empezando por Francia y los reinos de la península ibérica que mucho más tarde serían conocidos como España.

De ahí, saltó al resto de Europa: Portugal, Centroeuropa (las actuales Alemania, Suiza, Austria, Hungría,...), Península Escandinava, Islas Británicas,...

Es durante el renacimiento que los ricos y poderosos ejercen tareas de mecenas al más puro estilo greco-romano, lo que permite la eclosión de las artes y las ciencias.

Los artistas y científicos, a sueldo, patrocinados, tienen financiación para sus obras e investigaciones, y tiempo para llevarlas a cabo. No es de extrañar la eclosión de estas disciplinas, cocidas a fuego lento.

El estilo pictórico refleja los nuevos tiempos, se hace más vital, más colorido, más humano. La escultura, refleja con fidelidad el ser humano y la naturaleza. En algunos casos, sin escatimar detalles, lo que sulfura a las jerarquías eclesiásticas.

El renacimiento, en definitiva, supone el despertar de la razón, la ciencia y la vitalidad, enfrente de una edad media espartana, dominada por la religión a la par que atemorizada por esta.

 

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