La risa es extremadamente importante para distenderse de situaciones estresantes y conflictivas. Es por ello que desde la antigüedad podemos ver distintas manifestaciones del arte orientadas a hacer reír a un público determinado. En efecto, si recordamos a los antiguos griegos veremos como la comedia tenía una importancia similar a la de la tragedia; el teatro, desde entonces, es representado con dos máscaras, una con una mueca de dolor y otra con una mueca de risa. Hoy en día, esa valoración de la risa sigue estando vigente, nos solo en las obras de ficción que nos regala el arte, sino también en la cotidianidad.
La risa dista de ser una expresión consciente. Los mecanismos exactos de tal comportamiento son difíciles de precisar, pero se relacionan especialmente con una la eliminación de una tensión. Es por ello que suele asociarse con algunas características terapéuticas a esto fenómeno. Dada esta situación, existen algunas corrientes en la medicina que se enfocan en tratar a los pacientes con humor como una forma de generar un contexto favorable para la recuperación Esta circunstancia se vincula también con el miedo que a muchos les genera los hospitales, miedo que trata de ser conjurado con distintas circunstancias generadoras de humor y risa.
Puede decirse que la risa frecuente es una característica de una salud mental equilibrada. En efecto, la existencia de un rictus amargo constante en un individuo, por el contrario, puede ser sinónimo de una existencia en donde los recursos para hacer frente a los problemas se han agotado. Es por ello que la relajación se hace un factor determinante como para concitar las energías anímicas que se han perdido y así favorecer una mejor actitud frente a la vida. La risa, en este sentido juega un rol central, relativizando en algún punto muchos de las circunstancias que nos generan desánimo.
Es significativo que aquellas personas con las que mejor nos relacionamos sean aquellas con las que nos es más fácil reírnos. Así, la risa es además un fuerte generador de vínculos interpersonales. Quien ha estado compartiendo una reunión en donde algún evento causa risa puede dar fe de que el fenómeno de reír pude ser extraordinariamente contagioso. En efecto, se pasa de un individuo a otro de manera febril, haciendo al momento ciertamente memorable, hecho que es difícilmente explicable pero cierto. Así, la risa sigue siendo en alguna medida un misterio, pero un misterio que nos hace más llevadera la existencia.
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