Importancia del Sistema de Oferta y Demanda

La gran importancia de este sistema en el modelo económico y por el que se rigen las operaciones comerciales radica en que fija el precio de cualquier bien o producto, por medio de la combinación de estas dos tendencias básicas en el consumo. Por una parte, la oferta, cantidad que pone a la venta el oferente (la parte que vende), y por otro lado, la demanda, dinero que están dispuestos a ofrecer los consumidores (compradores) en la adquisición del bien comercializado.

Este es un sistema que se utiliza en los modelos de libre mercado o capitalistas para determinar el valor de las cosas objeto de la compra no solo materiales, sino también de ciertas operaciones financieras: la compra y venta de acciones en la bolsa y en otros activos procedentes de la renta variable, bajo el axioma de que si un bien tiene "ese" precio, es porque es el que realmente vale en ese preciso momento y conforme a las variaciones que presentan ambos factores.

Bajo estos parámetros, se presenta como un modelo comercial y económico al tratar de dar una explicación lógica y comprensible sobre la fijación de los precios. En este sentido, cabe resaltar que su implantación ayuda al comportamiento del mercado, de la misma forma que cuando hay un cierta distorsión entre ambas variables puede provocar un escenario de inflación, o aún peor, de deflación si va acompañado de recesión económica.

Por otra parte, uno de sus efectos más notables en las relaciones económicas se deriva del hecho de que se constituye en una herramienta muy potente para anular (o minimizar) las distorsiones que se puedan generar en el mercado, proporcionando una mayor estabilidad a este.

¿Cómo se ajusta la oferta y la demanda?

Bajo este sencillo esquema se pone en marcha un proceso en el que se regulan las relaciones comerciales de una manera más objetiva. No obstante, para su mejor comprensión es necesario conocer cómo puede variar esta ecuación entre las dos tendencias en el consumo. Pues bien, y por lo que respecta a la ley de la oferta, cuanto más elevado sea el precio del producto o los bienes en cuestión, mayores serán también las posibilidades de que exista una mayor número de unidades puestas a la venta por parte de los comercializadores o distribuidores. Al mismo tiempo que la ley de la demanda se rige en sentido contrario. Es decir, a mayores tarifas en los productos se generará un menor interés por parte de los destinatarios o usuarios.

Este análisis si se lleva a la práctica indicará que, por ejemplo la venta de aparatos de televisión con precios muy expansivos implicará una menor demanda por los posibles compradores. Al igual que implicará, lógicamente, que exista un stock de este artículo mucho más numeroso. Otro de los ejemplos para entender mejor este sistema es el siguiente: si el precio del pan es muy bajo y por otro lado los posibles compradores requieren más cantidades de las que se les ofrece en el mercado se puede llegar a un escenario de escasez de este alimento básico. Como consecuencia de todo ello se tenderá a que los propios demandantes estén dispuestos a pagar un importe más elevados en su compra. Dicho de otra forma, si se incrementa el precio del bien llevará aparejado al final que se produzca un decrecimiento en su consumo.

En cualquiera de los casos, en este sistema se puede llegar a un escenario muy particular que es denominado precio de equilibrio. ¿En qué consiste básicamente? Pues en reflejar el nivel al que los usuarios estarían dispuestos a llevar su decisión en la adquisición del bien. Aunque este punto de equilibrio puede constituirse en el escenario más deseado para las relaciones económicas. Aunque no siempre se cumple, ni mucho menos.

Ventajas en su aplicación

Para empezar, es un modelo que permite que exista una mayor competitividad en los precios. Y como consecuencia de esta actuación el consumidor podrá disfrutar de la posibilidad de optar por bienes o productos con una tarifa más ajustada para sus intereses, es decir, con más propuestas dentro del mismo bien, de la misma forma que generará que sean los propios mercados quienes dicten su valoración y no otros agentes externos al proceso comercial o incluso a la decisión del oferente.

También, debe valorarse que posibilita una mayor participación de los agentes integrados en el proceso. Asimismo, dará las pautas para conocer cuál es el precio del bien y si realmente interesa formalizar la compra, al mismo tiempo que proporcionará un mayor equilibrio de mercado, y en cualquier caso muy superior a otros sistemas manipulados o controlados.

Mientras que, por otro lado, una de sus mayores aportaciones al sistema económico de libre mercado reside en que es una estrategia realmente eficaz para evitar los monopolios dentro de un sector comercial, al igual que para que no se produzca una competencia desleal en la comercialización de productos o servicios, con una relación muy clara, por tanto, con el liberalismo económico.

 

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