El auge de los dispositivos móviles como medio de comunicación se vió fortalecido con la posibilidad de realizar con ellos muchas más tareas que la simple comunicación telefónica. Una de ellas fué la inclusión de los SMS como posibilidad de comunicación.
Aunque en la actualidad los SMS están en relativo declive frente a otras tecnologías de mensajería instantánea (Messenger, Whatsapp, Line y muchas otras), lo cierto es que durante varias décadas (desde su creación en 1985) fueron una de las pocas posibilidades que existía de mandar un mensaje escrito a otra persona mediante un dispositivo telefónico.
Su propio nombre (SMS), viene de las palabras anglosajonas Short Message Service, o traducido al castellano, Servicio de Mensajes Cortos. Con la introducción de las redes GSM y GPRS, de segunda generación, las compañías se dieron cuenta de las posibilidades que la transmisión de datos mediante dispositivos móviles les ofrecían. Así, pusieron a disposición de sus clientes un servicio de mensajería, que funcionaba con una capacidad máxima de 160 caracteres, y era en teoría instantáneo. El mensaje se enviaba desde un celular o teléfono fijo, hasta la antena y la red GSM, desde donde se reenviaba al destinatario en cuanto fuera posible.
El éxito que tuvo este sistema llegó a hacer que gran parte de los ingresos de las compañías telefónicas se debiesen a este servicio, lo que permitió que aunque diseñado para las redes GSM, se mantuviese en las redes 3g y en la reciente 4g. Además, el coste para las compañías telefónicas era prácticamente nulo, pues el pequeño tamaño del archivo permitía enviarlo aprovechando los huecos en una conversación normal, sin sobrecargar la línea.
Para los usuarios su importancia fué también tremenda, puesto que permitía enviar datos, números, direcciones, chatear, sin la necesidad de estar conectados constantemente, como era necesario con muchos de los antiguos chats. Se mandaba el mensaje, y cuando la otra persona se conectara o tuviese cobertura, automáticamente lo recibía.
La conversación por SMS adolecía sin embargo de varios defectos. Uno de ellos era precisamente el hecho de sólo permitir conversaciones bis a bis, esto es, entre dos usuarios. Si querías comunicar algo a varios usuarios debías enviarle un mensaje a cada uno de ellos, lo cual podía ser muy costoso. La otra, evidentemente, era su reducida capacidad. Tan solo 160 caracteres daban para poco (si sois usuarios de Twitter sabreis de lo que hablo, puesto que esa red social tan sólo permite 140), y además cada mensaje tenía un coste, con lo cual los propios usuarios se fueron inventando un lenguaje propio para acortar palabras y emociones, de modo que en poco espacio se pudiese expresar lo máximo posible. Un lenguaje que ya existía en los chats de la época, pero que sin duda los SMSs se encargaron de extender mundialmente. El uso de emoticonos, de acrónimos, abreviaturas, palabras sin vocales... etc, era y es más que común en la generación nacida bajo el SMS.
Actualmente el servicio sigue disponible, si bien como ya dijimos, los servicios de mensajería vía internet lo han ido desplazando, de modo que parece que su uso será algo residual en poco tiempo.
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