Las siglas SSD se refieren a un tipo particular de almacenamiento de información, y su traducción del inglés sería aproximadamente Disco en Estado Sólido (Solid State Drive).
En realidad son una evolución de los antiguos discos duros, y se basan en que en su interior no existen capas ni discos como en los antiguos, sino que emplean el mismo sistema que se utiliza en la memoria RAM, las memorias USB o las SD y variantes. Antiguamente los discos duros se fabricaban mediante la superposición de capas y más capas, en donde se almacenaban sucesivamente los datos (para los neófitos, como si pusiésemos una pila de CDs uno encima de otro y los juntásemos en un sólo disco). Aunque era y es un sistema perfectamente válido, tenía varios inconvenientes, sobre todo porque los disco duros debían estar fijos y aislados. Si se movían bruscamente o bien les entraba una pequeña arenilla, al estar girando continuamente, podían quedar dañados completamente y perder gran parte de nuestra información.
La importancia de los discos SSD es que no utilizan pistas para almacenar la información, sino memorias similares a las que vemos en la RAM o en los dedos USB. Y aquí quiero hacer un inciso: como veis los estoy llamando discos, aunque técnicamente no son tales, pues no giran sobre si mismos, sino que son memorias. Sin embargo, es común el nombrarlos así por, sobre todo, costumbre.
Son más compactos, no hacen ruido al no tener componentes mecánicos, consumen menos, son más ligeros, permiten almacenar más información, acceder de modo más rápido a esta y sobre todo, tienen menos propensión a quedar dañados en movimiento, lo que los hace ideales para utilizar en dispositivos móviles, portátiles, PDAs, tablets... etc. ¿Inconvenientes? Su precio es evidentemente mayor.
En general los SSD constan de dos partes: un controlador, que como su nombre indica controla donde se ubica la información, el espacio libre y como almacenar los nuevos datos, y los módulos de memoria en sí, que evidentemente son memorias no volátiles, bien basadas en módulos SDRAM, o en chips del tipo FLASH.
Y es precisamente esto último lo que los hace tan importantes: las memorias SSD nacieron para dar servicio a toda una nueva gama de dispositivos portátiles que han evolucionado en estas últimas décadas. Imaginaos usar discos duros antiguos en los teléfonos, y que estos pesasen casi un kilogramo, que además se recalentasen y chirriasen cada vez que accediésemos a los datos deseados, sin contar que cuando los usásemos, deberíamos dejar el dispositivo lo más quieto posible... esperpéntico, ¿no? Al menos a mi me lo parecería, y se vé que a los fabricantes de memoria también.
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