Importancia del Tacto

La piel es el órgano más grande del cuerpo que, además de cubrir por completo al individuo para brindarle protección ante los peligros del ambiente y los agente patógenos, también permite la captación de una gran variedad de información, tanto del medio externo como del propio interior del organismo, a través de la percepción de una serie de sensores especiales dispuestos en toda su extensión, los cuales se encuentran denominados según la percepción específica que realizan como corpúsculos de: 1) Ruffini, que captan el estirarse de la piel y el calor; 2) Krause, quienes por el contrario se dedican a hacernos sentir el frío; 3) Merkel, sensibles ante las texturas y las variaciones en la presión ejercida contra la piel; 4) Pacini, los cuales permiten la captación de los cambios de presión también por parte de las estructuras internas del cuerpo, permitiéndonos sentir incluso las vibraciones y 5) Meissner, encargados de percibir los roces y contactos más suaves.

Todas estas complejas estructuras nerviosas, en conjunto, nos ofrecen un sistema de mecanorecepción de la información sobre hechos que puedan afectar y poner en riesgo a nuestro organismo. La alteración del funcionamiento de alguno de ellos implica una reducción o incluso incapacidad total de percibir situaciones tanto internas como externas, lo cual puede ocurrir por daños en los tejidos, en los nervios o hasta a nivel cerebral y por múltiples motivos, bien sea por un accidente, una enfermedad o alguna condición genética del propio individuo, como por ejemplo ocurre con la Incapacidad Congénita al Dolor, la cual es una condición presente desde el nacimiento, que mantiene a quien la padece a sufrir constantes daños físicos por la incapacidad de percibir el peligro por medio del tacto.

Entre texturas y emociones

El sentido del tacto también nos abre las puertas hacia la sensibilidad emocional. El ser capaces de percibir el contacto físico sobre nuestra piel, permite el desarrollo de sensaciones vinculables también con las experiencias y emociones positivas, convirtiéndose el tacto en un mecanismo de gran importancia para el placer y las experiencias positivas, tomando cada vez mayor fuerza su consideración para la orientación de la humanidad hacia la búsqueda de un contacto físico más gratificante y placentero entre padres e hijos y las mismas parejas, para el reforzamiento de vínculos afectivos interpersonales de mayor calidad, conocimientos que también son puestos en práctica por el gran mundo de las ventas a través de nuevas experiencias de contacto del producto por parte de su potencial consumidor.

La grata recepción de experiencias por medio del tacto es uno de los recursos primordiales para el inicio de los procesos de enseñanza-aprendizaje, ya que permiten una mayor fijación de las experiencias, a demás de ser empleado para el desarrollo de la autoconciencia corporal del niño y de los modos para su eficaz interacción con el entorno, asumiendo así la importancia del tacto dentro del campo de la educación y la psicología infantil, dirigidos hacia la mejora de las experiencias educativas y la propia calidad de vida de los niños desde el mismo nacimiento.

Protección térmica

La evolución ha sido sabia también al desarrollar la capacidad temprana de percepciones de este sentido, por encima de todos los demás. La recepción de la información del entorno a través de los otros órganos es bastante ineficiente para un recién nacido, salvo por el olfato, el cual también es bastante agudo para que el bebé y los recién nacidos de las demás especies animales puedan localizar con facilidad a la madre y más específicamente el alimento que ésta les provea, sin embargo, es la capacidad perceptiva del tacto lo que les mantiene a salvo de las adversidades ambientales permitiendo al subconsciente reaccionar de la forma más acorde, habilidad especialmente importante ante las variaciones de la temperatura para mantenerse protegidos tanto del frío como del calor.

Cuando no Hay dolor

La incapacidad de percibir sensaciones por medio del tacto puede generar grandes dificultades, en especial para las personas que padecen de condiciones genéticas como la Incapacidad Congénita al Dolor, teniendo como consecuencia constantes lastimaduras que varían desde ligeros moretones y lesiones superficiales en la piel, hasta fracturas y heridas que pueden poner en riesgo su vida, sin ser capaces de detectarlas hasta evidenciarlas a través del propio sentido de la vista de quien padece de esta peculiar insensibilidad o porque alguien más se percate de ello.

Esta condición es especialmente peligrosa durante la infancia, ya que los niños son poco conscientes de los peligros que puedan correr durante sus actividades, particularmente cuando juegan, haciéndose poca toda precaución brindada por sus padres y cuidadores, haciéndose necesario también el dar a conocer esta falla masiva en los mecanismos del tacto para que pueda ser detectada de la forma más temprana posible, brindando al niño la máxima protección y seguridad ante su indefensión.

Referencias

Gillespie, K. (2019). El tacto. Weigl Publishers.

Luelmo, J. M. (2007). El tacto, los sentidos y el sentir. Editorial. Santillana. España.

Montagu, A. (2004). El tacto. La importancia de la piel en las relaciones. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona, España.

Trabajo actualizado en Enero 2023, respecto de la primera versión en marzo, 2013.

 

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