Importancia del Taylorismo

Entendida como una más de las ideologías que determinaron la relación entre el obrero o el proletariado y la productividad de una empresa, la ideología conocida como taylorismo ha marcado sin duda alguna la economía de fines del siglo XIX y del siglo XX.

¿Quién era Taylor y qué proponía?

Frederick Taylor fue un ingeniero experto en administración de empresas originario de Estados Unidos. Nacido en 1856, Taylor creció a la par de la industria en Occidente, especialmente de la segunda oleada de industrialización que representó cambios profundos e irreversibles en el modo en que el ser humano comenzaría a relacionarse con la producción. Taylor llevó a cabo un consecuente trabajo y análisis sobre la productividad en las empresas y empezó a señalar la necesidad de encontrar cada vez más espacios donde mejorar la producción, aunque esto fuera a costa del obrero.

En sus propuestas más elementales, Taylor determinaba que la producción de una fábrica dependía del rendimiento de los trabajadores y que, entonces, el mismo podía ser mejorado al máximo con tal de obtener los mejores beneficios. Así, la organización fabril o industrial debía tender a matar los tiempos muertos, aumentar la eficacia en la producción y en el crecimiento productivo en determinada cantidad de tiempo. Estos supuestos pasaron a conocerse en el siglo XX como la ideología del taylorismo.

El positivismo como método para explicar factores sociales

Para entender el taylorismo, es necesario señalar que el mismo se encuadró en el marco del positivismo, ideología científica y política de fines del siglo XIX que basaba gran parte de sus resultados en la experiencia concreta y directa. En este sentido, el taylorismo sentenciaba que la productividad de una empresa o fábrica podía ser mejorada si se controlaba al obrero, se disponía de espacios de trabajo continuo (de ahí el nacimiento de la cadena de montaje) y se aseguraba que se produciera la mayor cantidad posible en el tiempo de trabajo del obrero.

Todas estas cuestiones redundarían directamente en el aumento de la producción y por tanto en la generación de capital, lo cual beneficiaría a los empresarios o dueños de los medios de producción. A Taylor no parecía importarle las condiciones de trabajo de la mano de obra siempre y cuando la misma asegurara el nivel deseado de bienes.

Críticas al taylorismo y protestas

A medida que las fábricas y empresas comenzaron a implementar los supuestos tayloristas, los grupos de obreros y proletarios comenzaron a notar una presión cada vez más fuerte sobre su rendimiento, convirtiéndose los espacios laborales casi en cárceles donde no había espacio ni tiempo para comer, descansar o relajarse. Lentamente aumentaron las protestas y la organización obrera aquí fue fundamental para hacer visible el hecho de que bajo ciertas condiciones la producción no sólo no aumentaba si no que los obreros no podían producir el mínimo indispensable si no eran respetados sus derechos básicos.

El taylorismo es una forma de organización fabril que sigue existiendo hoy en día en muchos países del Tercer Mundo, especialmente del sudeste asiático, donde las marcas más importantes y caras del mercado sostienen una enorme cantidad de empleados en las peores condiciones, que trabajan sin parar y con salarios indignos. Las críticas que este tipo de modelo económico recibe son conocidas pero aún así sigue siendo especialmente útil y efectivo para quienes piensan solamente en el aumento del capital.

Imágenes: Fotolia. macrovector - Alexander Pokusay


 
 

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