A lo largo de la Historia de la Humanidad, se fueron sucediendo diferentes formas de gobierno, desde las tribus amerindias en donde un cacique -el cual tenía algo así como una relación de mediación entre los integrantes de su tribu y los diferentes dioses que ellos reconocían- hasta la democracia, en donde el Pueblo es quien gobierna, mediante la elección (voto) de sus representantes en los diferentes estratos del gobierno.
En toda esa sucesión de formas de gobierno, también hubo una llamada teocracia. La teocracia es, si se realiza una traducción literal, el "gobierno de Dios", en el cual quien lo representa es reconocido como quien ostenta el poder absoluto de los poderes de organización de un territorio en particular. De este modo, no es específicamente Dios quien gobierna, pero sí que, quien lo hace en su nombre, está amparado y protegido por ese Dios, que de alguna manera ha elegido o intervenido para que su representante en el gobierno alcance ese estrato de poder, y desde allí, designe la organización política de una comunidad en particular.
En las comunidades antiguas del territorio americano existían por ejemplo los chamanes, que eran a la vez líderes religiosos y líderes políticos. En esa figura dual (que tiene dos funciones) se concentraba el poder religioso y el poder de gobernar la comunidad-tribu a la cual el chamán pertenecía y de la cual era integrante, el integrante con mayor poder de todos dentro de ese grupo. El mismo ejemplo vale para los faraones egipciones, aunque en este caso representaban la figura con poder político de todos los dioses en los cuales creían, ya que la civilización egipcia tenía una religión politeísta (creencia en más de un Dios). Los faraones, para ser adorados como dioses y respetados como máximas autoridades dentro del gobierno, vivían en majetuosos palacios que eran construidos especialmente para que ellos vivieran. En el Imperio Otomano, los califatos de la religión islámica también representaron una forma de gobierno teocrática, pero sólo dentro de la rama suní del Islam, en la cual los califas (que tuvieron presencia hasta el año 1924) eran considerados príncipes islámicos dentro del sunnismo islámico.
El famoso Dalái Lama fue un representante de Dios dentro de una comunidad específica de la zona del Tíbet dentro del reino de los Mongoles, y gracias a él se impulsó una nueva religión que porta el nombre de lamaísmo.
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