Importancia del Tratado de Bucareli (1923)

Fue un acuerdo económico y político, suscripto en el año 1923, por Estados Unidos y México, luego de la Revolución Mexicana, con la principal misión de resguardar la propiedad privada que los ciudadanos norteamericanos disponían en aquella época en suelo mexicano.

Un acuerdo motivado por la conveniencia económica norteamericana y la necesidad política mexicana

Tras la mencionada Revolución, los gobiernos que asumieron el poder político del estado y que promovían una gestión basada en la justicia social, expropiaron los bienes de los estadounidenses sin que medie algún tipo de compensación económica por ello.

Por otra parte, reconocía los derechos sobre los pozos de petróleo en suelo mexicano a aquellas empresas norteamericanas que los habían gestionado antes de la Revolución, situación que la Constitución sancionada en 1917 había prohibido en orden a defender la potestad de sus recursos.

Así, una vez en vigencia dicho acuerdo, las empresas recuperarían dichos derechos y se aseguraban una renta millonaria que iría directamente a sus arcas.

El “espíritu mexicano” del acuerdo fue beneficiar en mayor medida a los Estados Unidos para poder contar con su apoyo en un tiempo en el cual las disidencias políticas postrevolución empezaban a complicar la gobernabilidad

Para México sería especialmente beneficioso en el plano político ya que cumplía con la exigencia del presidente Álvaro Obregón de finalmente ser un gobierno reconocido por los Estados Unidos, algo que no ocurrió con las gestiones precedentes a la suya y posteriores a la Revolución.

Los adversarios políticos amenazaban la continuidad de Obregón en el poder, y tener de su lado a Estados Unidos le aseguraba, por un lado, armonía con dicha nación, siempre al acecho de la oportunidad de efectuar una incursión en territorio mexicano, y por otro lado, ganarle de mano a sus enemigos locales que también buscaban un acercamiento con los estadounidenses.

También hubo una razón económica para México y fue la de poder contar con inversiones extranjeras, tan necesarias en un contexto económico crítico.

Dispuso, además, la creación de un órgano que se ocuparía de atender los reclamos de los estadounidenses.

Un acuerdo inaplicable y que resignaba la autonomía mexicana

En la práctica, el tratado, se encontró con muchas dificultades a la hora de su aplicación, y Estados Unidos consiguió a medias sus metas ya que la corte de justicia mexicana no dio vía libre a la retroactividad en la cuestión de los pozos petrolíferos.

El tratado, que claramente tuvo un ánimo de ceder autonomía y soberanía a favor del país vecino tan poderoso, y que el gobierno de turno liderado por Obregón apoyó, no hizo más que contrariar muchas de las máximas que inspiraron la Revolución.

Finalmente, un año después, con Plutarco Calles en la presidencia de México, el tratado fue rechazado.

Como es uso y costumbre, la denominación del tratado como Bucarelli tuvo su razón de ser en la circunstancia que el mismo se suscribió en un edificio cito en esa calle del Distrito Federal de México.

Imagen Fotolia. Yaroslav

 

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