Importancia del Tratado de los Pirineos

Como “buenos” vecinos, Francia y España han “llegado a las manos” (eso es, la guerra) en distintas ocasiones. Desde finales del siglo XVI, la monarquía hispana luchaba en una guerra de desgaste en las Provincias Unidas, el territorio que aproximadamente ocupa actualmente Holanda. Francia no estaba cómoda con el dominio de la España de los Austrias en la región, ya que amenazaba el país por el norte, con toda la frontera pirenaica por el sur.

Es por ello que, junto a Inglaterra, Francia prestó ayuda a los insurgentes holandeses, aunque la situación militar se fue deteriorando en las provincias ante los Tercios, la mejor infantería de la época y una de las mejores de la historia, al servicio de la monarquía hispánica.

En 1634 se produce la Primera Batalla de Nördlingen, que da la victoria a los españoles sobre los suecos. Francia decide intervenir directamente en la guerra en vez de hacerlo solamente con financiación.

En 1640 a la monarquía hispánica le salen dos frentes más, en Cataluña y Portugal, con sendos levantamientos. Mientras que logrará conservar la primera a base de un esfuerzo militar ingente, acabará perdiendo la segunda para siempre.

Desangrados en múltiples frentes que se les llevan los beneficios que llegan de las colonias americanas, además de los que consiguen los corsarios ingleses y franceses, los españoles deciden sentarse a negociar con los franceses, que habían apoyado directamente a los catalanes en su aventura independentista, una más de varias a lo largo de su historia.

Por aquel entonces, Francia no era la que es hoy, y tampoco Cataluña.

La región de Perpiñán formaba parte de esta última (era su segunda ciudad), mientras que la corona gala tutelaba algunos territorios en la actual Alemania, y no poseía otros que actualmente sí se encuentran bajo soberanía francesa, aunque en términos generales, el país se podía reconocer en lo que es la Francia actual.

En 1648, se firmaba la paz de Westfalia, por la cual quedaba finalizada la Guerra de los Treinta Años, y la de los Ochenta Años que enfrentaba a España y Holanda.

En este tratado se da un hecho capitular para finiquitar el dominio de España en Europa: el llamado “Camino español, que unía por tierra las posesiones en el norte de Italia de la monarquía hispánica con el sur de Bélgica, queda roto al ser entregado a Francia el territorio de Lorena.

Desde ese momento, los tercios ya no podrán viajar por tierra para mantener a raya las posesiones en el norte de Europa de la casa de los Austrias.

Obviamente, esto no gustó a España, que entró en guerra con Francia, a la cual apoyaba Inglaterra.

Tras una década de combates, la derrota española en la Batalla de las Dunas, llevó a ambos países a sentarse a la mesa de negociaciones.

El resultado final de aquellas conversaciones de paz, llevadas a cabo por el cardenal Mazarino en representación del rey francés, y por Luís de Haro en nombre del español, fue el Tratado de los Pirineos, llamado así porque fijaba la cordillera homónima como frontera física entre ambos reinos. Dicho tratado se firmó en la Isla de los Faisanes, un islote fluvial situado en el País Vasco, en la frontera entre ambos reinos.

Por el Tratado de los Pirineos, pasaban a manos francesas una serie de plazas fuertes situadas en lo que hoy es el norte de Francia y el sur de Bélgica.

Pero quien se llevó la peor parte fue Cataluña: hasta entonces, el territorio bajo soberanía de la monarquía hispánica que se había rebelado en 1640, fue partido en dos.

Todos los territorios que quedaban al norte de los Pirineos, con capital en Perpiñán, quedaron bajo soberanía francesa, mientras que los que quedaban al sur se mantenían bajo la tutela del monarca de los Austrias.

Si bien la monarquía francesa había prometido respetar las leyes e instituciones catalanas, no pasó ni un año que ya incumplía su promesa.

Así, la Generalitat fue prohibida en la llamada Cataluña Norte (Catalunya Nord en catalán), y el idioma también, pasando a ser obligatorio el francés. En la parte sur, la presión castellana aún tardaría unas cuantas décadas en provocar un nuevo enfrentamiento con los catalanes, a la abolición de sus instituciones y la prohibición de su idioma.

Las fronteras de Europa occidental quedaron fijadas de forma casi definitiva con la Paz de Westfalia y el Tratado de los Pirineos.

Imagen Fotolia. Alfonsodetomas

 

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