Importancia de la Vestimenta y Saber Vestirse

Entendida como una de las creaciones más útiles del ser humano desde casi el comienzo de su existencia -y controvertido en ocasiones-, la vestimenta, reviste de una importancia singular en la calidad de vida de cualquier persona o individuo. Es una descripción y presentación de quién somos ante los otros. Transmite tradiciones, gustos, preferencias, así como permite manifestar posturas sociales o políticas. Por el otro lado, genera escenarios conflictivos, principalmente en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres, en el sentido por ejemplo de formar estereotipos, y también en un aspecto religioso, ante la intolerancia y la discriminación.

Funciones de la vestimenta: cubrir y proteger el cuerpo del clima inhóspito, marcar estatus y pertenencia social o simplemente transmitir moda

No solo permite cubrir el cuerpo para que el frío del invierno no lo afecte sino que también en el plano estético le reportará a la persona placer, especialmente si se trata de alguien fanático de la moda y del buen parecido físico.

Es uno de los elementos que diferencia al ser humano del resto de los animales y que se caracteriza por brindarle numerosos beneficios, como ya anticipamos.

Cuando se habla de la vestimenta, se debe decir que su valor gira especialmente en torno a su función utilitaria, es decir, aquella que tiene que ver con la protección y abrigo del cuerpo.

El ser humano desde los comienzos de su existencia necesitó contar con algún tipo de prenda que le permitiera defender su cuerpo del clima inhóspito y duro, así como también de posibles enfermedades.

Mientras la vestimenta de los primeros hombres era primitiva y muy simple, hecha en base a los elementos animales disponibles, el hombre de la Antigüedad logró desarrollar prendas de vestimenta excelsas que muchos envidiarían hoy en día.

La principal función y utilidad que los seres humanos le dieron a la vestimenta fue cubrir al cuerpo y protegerlo de las inclemencias climáticas, especialmente cuando la vida se desarrollaba mayormente en el exterior, en tanto y lentamente, la evolución que se produjo en todos los niveles de la vida fue dejando lugar a otras funciones que fueron apareciendo al complejizarse las sociedades y las aldeas humanas.

Así, la vestimenta o las prendas que antes sólo servían para cubrirnos, progresivamente, se convirtieron en elementos de diferenciación social y de pertenencia a una determinada comunidad, es decir, vestir determinadas prendas es símbolo de estatus social o también puede ser el indicador que tal persona pertenece a una cultura o etnia determinada.

Así, lucir en una fiesta un vestido de alta costura permite deducir que quien lo lleva dispone de recursos económicos para acceder a una prenda que es costosa.

Aquí la importancia de la vestimenta se vinculará entonces con la creación de la identidad, por ejemplo como sucede con los trajes típicos y tradicionales de comunidades que utilizan en festividades, pero también y especialmente con las diferencias socioeconómicas, laborales y religiosas que se podían marcar con la indumentaria.

Desde las muy tempranas formas de organización social la vestimenta fue importante para marcar riqueza o pobreza, así como también oficio o labor, religión, estado civil, incluso edad y género.

Finalmente, una de las últimas funciones que desarrolló la vestimenta fue aquella que tiene que ver con lo estético y esto es así cuando aparece el concepto de moda.

Según esta idea, la indumentaria ya no es tan importante como protección o diferenciación social sino como una especie de obra de arte en sí misma en la que diseñadores y artistas se unen para darle forma, y hay un público consumidor ávido por adquirirla porque la misma los ubica dentro del grupo que viste de acuerdo a la moda y las tendencias que se usan, hecho que reporta reconocimiento y valoración positiva en algunos contextos.

La vestimenta entendida como moda es además hoy en día parte de un gran negocio mundial que mueve millones y que representa una importante movilización de marcas, diseños, casas de indumentaria, eventos, etc.

Elegir la vestimenta adecuada para nuestro físico y para la actividad o contexto en el que se participa es saber vestirse

Por supuesto que el negocio de la moda impone mayormente lo que todos vestimos, es difícil escaparse del mandato que las grandes marcas y diseñadores nos acercan cada temporada, ahora bien, debemos aclarar que seguir la moda no implica saber vestirse, o que lo que nos pongamos nos siente bien, de ninguna manera.

Saber vestirse implicará la disposición de un alto grado de autoconocimiento y de sentido común personal, o sea, saber que nos queda bien y que no, lo que es más o menos cómodo de usar según la ocasión o actividad que se lleve a cabo.

Si tenemos que asistir a una actividad en el campo no podemos ir con un vestido de fiesta, o si tenemos un compromiso vinculado a la religión no podemos asistir con un atuendo provocador, porque en ambas circunstancias desentonaremos con el “protocolo” de vestimentas que se suelen recomendar en esos casos, algo cómodo y sencillo, y serio y recatado, respectivamente.

Entonces, a la hora de vestirnos debemos no solamente prestar atención y considerar que las prendas encajen con el clima existente donde vivimos y las actividades que desarrollamos sino que también es fundamental saber que nos queda bien y nos favorece; la moda es cautivante y sabe marcar el salto cualitativo, sin embargo, si no atendemos al resto de los factores mencionados claramente no estaríamos sabiendo como vestirnos…

Imagen: Fotolia. Anastasia Karamova - Aroderick

 

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