La salud emocional es tan importante como la salud física por lo que conviene estar muy atento ante las señales de malestar emocional que desbordan al afectado. Una crisis de angustia es un ataque de pánico.
Es decir, un ataque de ansiedad en grado máximo que se somatiza a nivel físico y produce un enorme malestar físico y tanto dolor que la persona puede llegar a creer que está gravemente enferma cuando en realidad, no lo está. Se trata de un problema emocional que se manifiesta a través de síntomas físicos.
Lo habitual en una situación así es que el malestar sea tan doloroso que el paciente acuda al médico ante la urgencia y descubra que en realidad, su corazón está perfectamente. El ataque de pánico produce una opresión muy fuerte alrededor del pecho, sensación de falta de aire y dificultades para respirar, pensamientos de estar al límite de la muerte, sensación de pérdida de control de la realidad… La crisis de angustia suele ser el detonante que conduce a la persona a pedir definitivamente ayuda a nivel emocional con el deseo de no volver a repetir un capítulo de este tipo. Es decir, una crisis de angustia muestra un conflicto emocional que el paciente tiene que resolver a través de una terapia psicológica.
El paciente ha ignorado durante mucho tiempo ese dolor emocional hasta que el cuerpo ya no ha soportado más el peso y ha manifestado su propio límite a través de una crisis de angustia. Una vez que el paciente acude al médico y recibe la información pertinente se tranquiliza un poco aunque viva un nuevo capítulo de este tipo porque sabe que una crisis de angustia no representa un riesgo contra su vida.
¿Qué hacer ante una crisis de angustia?
1. En primer lugar, busca un lugar en el que puedas respirar aire puro ya que el contacto con la naturaleza o la libertad de un espacio abierto te produce sensación de bienestar. Si estás en un lugar cerrado acércate hasta la ventana.
2. Racionaliza la emoción diciéndote a ti mismo pensamientos positivos.
3. Cierra los ojos para abstraerte del entorno y respira profundamente poniendo toda tu atención en sentir cómo el aire renueva tus pulmones.
4. Tómate el día con calma y descansa. Una crisis de angustia agota y produce mucho cansancio. Por ello, pasea con tranquilidad, túmbate en la cama para descansar, aliméntate bien y recuerda que todo lo demás puede esperar porque tú y tu salud es lo más importante.
5. Apaga el teléfono móvil para evitar interrupciones.
6. Una vez que ya haya pasado la crisis de angustia, anota en una libreta cómo te has sentido y qué síntomas has experimentado.
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