Dentro de la historia de Europa es innegable marcar la importancia de un gigante como el Imperio Ruso, uno de los más duraderos y poderosos de la era moderna. El imperio ruso demostró asentarse como uno de los territorios más extensos y militarmente ambiciosos, con una población de más de 176 millones de habitantes en su momento (hacia comienzos del siglo XX). Históricamente, el imperio ruso se encuentra en tercer lugar luego del imperio mongol y del imperio británico como los tres imperios más grandes de la historia humana.
El imperio ruso fue una formación geopolítica que existió en la mayor parte del actual territorio de Rusia entre 1721 y 1917, es decir, casi exactamente dos siglos. Este imperio comenzó a partir de la conquista de territorios aledaños como suele suceder con la mayoría de los imperios y con el establecimiento de un gobierno unificado para todos esos espacios. En el caso de los territorios rusos, el gobierno fue siempre monárquico, es decir, ejercido por una sola persona que se conoció como zar y que poseía bajo sus manos todo tipo de poder y prerrogativas. De más esta decir que como todo imperio, el imperio ruso se impuso a las poblaciones que conquistó principalmente a partir del poderío militar, territorios entre los que debemos contar a Polonia, Finlandia, Letonia, Georgia y muchos otros de Asia central.
La importancia del imperio ruso radica por un lado en su poder político y militar, que significaba obviamente poder a la hora de tomar decisiones sobre los intereses de la zona, pero también significó una increíble importancia a nivel económico ya que en las extensas tierras pertenecientes al imperio riquezas minerales abundaban y fueron las que permitieron que Rusia se convierta en una de las regiones líderes en industria pesada.
Uno de los períodos de mayor crecimiento y desarrollo del imperio ruso fue aquel en el que gobernó uno de sus emperadores más importantes y significativos: Pedro I de Rusia, también conocido históricamente como Pedro el Grande. Este emperador que comenzó su gobierno a fines del siglo XVII (antes de que Rusia se convirtiera en imperio) fue el responsable de consolidar el poder ruso a nivel militar (especialmente naval) y de aumentar el poder del zar frente a otras instituciones políticas. Bajo su reinado no sólo conoció el imperio uno de los períodos de mayor crecimiento económico sino que además se desarrolló a pleno la identidad cultural rusa desde el arte, la ciencia y la tecnología, tres áreas que marcarían claramente el destino ruso y la diferenciarían fácilmente del resto de Europa.
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