El almacenamiento de datos ha sido desde siempre uno de los mayores retos de la humanidad. Desde la invención de la escritura, la necesidad de catalogar, almacenar y conservar los conocimientos ha estado presente en todas las sociedades.
La llegada de la informática supuso un salto importantísimo en este campo. Lo que anteriormente podía llevar la vida entera de una persona, puede ahora ser realizado en apenas segundos. Un simple click puede bastar para copiar siglos de literatura, ejecutar millones de operaciones u realizar búsquedas en bases de datos de tamaño gigantesco. No debemos olvidar que los primeros usos de computadores como tales en el ámbito civil fueron para organizar el censo de los EEUU. A medida que se iban perfeccionando los medios informáticos y electrónicos para guardar y tratar datos, también se hizo necesario tener lugares específicos para almacenarlos y poder luego recuperarlos cuando fuese necesario.
Y cuanto más se avanzaba, mayor era el espacio de almacenamiento requerido. De las primeras tarjetas perforadas se pasó a memorias analógicas, de apenas unos cuantos bytes de capacidad, y de estas a muy diversos medios, la mayor parte de los cuales están obsoletos en la actualidad, pero seguro que recordamos algunos. Entre estos, muchos eran específicos para un contenido: así, para guardar música se han utilizado vinilos, casettes, CDs, lectores MP3... para video cintas Beta, VHS, DVDs... y así un enorme etcétera. EN la actualidad ya existen superordenadores con capacidades superiores a los 100 PETABYTES (más o menos 100 millones de Gygabytes). Los cálculos más optimistas situan de hecho la capacidad máxima de almacenamiento de nuestro cerebro en unos 2,5 petabytes, para que os hagais a la idea.
Con el triunfo del mundo digital, en la actualidad casi cualquier dato, sea musica, video, imágenes, bases de datos... se puede almacenar en un mismo soporte electrónico, siempre y cuando este tenga la capacidad correcta y después podamos leerlo con un sistema adecuado. Es por ello que podemos tener en un mismo disco duro imágenes, videos y documentos, almacenados hasta que los necesitemos, lo cual ha simplificado bastante el proceso de almacenado.
En la actualidad existen muchos tipos de memorias, con una capacidad impensable hace un par de décadas. En una pequeña memoria USB podemos llevar la literatura inglesa de los últimos siglos, y aún sobraría espacio (dependiendo naturalmente del formato elegido para guardarla). Entre los tipos de memoria más usados en la actualidad tenemos las ya mencionadas memorias USB o FLASH, los discos duros, los SSD, las tarjetas de memoria, los DvD, Blu-ray y demás discos de memoria... etc. Sin embargo cabe hacer notar que en un futuro próximo la tendencia parece ser el tener todos los datos almacenados (subidos) en la red. El fenómeno 'cloud' (nube, en español), que arrancó con Apple hace unos años, se está imponiendo como método de almacenamiento debido a sus grandes ventajas para el usuario medio. Ya no es necesario tener una memoria física a mano para leer tus datos, sino que estos se cargan directamente en servidores de internet y puedes leerlos desde cualquier dispositivo y en cualquier momento, estés donde estés, previa identificación, claro. Los datos estarán siempre disponibles, no se pierden, no se estropean... Este método ya se usaba evidentemente por los autores de páginas web y grandes empresas desde hacía mucho, pero es ahora cuando se está popularizando entre los usuarios de a pie.
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