Los títeres son figuras o muñecos que se pueden manejar con la mano, a través de hilos, varillas, guantes, etc. con un fin dramático, ya sea para un público adulto o infantil. Existe una variedad enorme, pero lo que más destaca en todos ellos, es que exigen un trabajo gestual y de técnica para todo aquel que los maneje y, sobre todo, la capacidad de conectar con un público exigente y que busca creerse lo que se cuenta, siendo así, parte activa del espectáculo.
La clave está en que, ya sean de un tipo u otro, o una mezcla entre varios, los títeres son capaces de mostrar a un público una historia. En función de su uso, la elaboración del mismo puede ser más o menos complicada, como ocurre con su funcionamiento. Cada sociedad elabora su realidad dramatúrgica en consonancia con los ritos, costumbres..., y los títeres cuentan de alguna manera, a través de estas historias, esa sabiduría popular, además de otras muchas historias inventadas, fabulosas, mitológicas…, creando así una cultura popular en la que se mezclan elementos reales y otros fantásticos.
Una de las características fundamentales de los títeres es que son capaces de envolver al espectador en una magia teatral que, si está bien preparada, atrae e integra al espectador dentro de la actividad que se desarrolla. Para crear un ambiente más realista y que atraiga mucho más, la actuación se suele acompañar con contenido musical, narraciones y/o diálogos para que sea más comprensible la historia que se cuenta.
De esta forma, los títeres no sólo son una serie de movimientos con un muñeco, sino que, además de contextualizar la historia en un tiempo y en un lugar, también se aporta personalidad a los personajes, sentimientos, etc., consiguiendo así mayor realismo en la obra. Otra de las claves importantes dentro de este mundo, es que no podemos delimitarlo a un público determinado. Existen, como en muchas otras artes, obras dirigidas al público infantil y adulto, lo que hace a esta cultura más universal de lo que pensamos.
A esto hay que añadirle que, desde el punto de vista de la enseñanza de valores, son un elemento clave porque consiguen transmitirlos de una manera más eficaz, teniendo en cuenta que son los títeres, y no personas, los que interactúan con el público. Por ello, son una representación de la cultura propia de cada sociedad, de su vida cotidiana, de su mitología e historia, de la expresión de sus sentimientos, de su realidad.
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