La meritocracia es una forma de organización social en la que las personas más destacadas por sus aportes, por sus méritos, ocupan los puestos de jerarquía. Este tipo de concepción es siempre muy tenida en cuenta en lo que refiere a las discusiones relacionadas con la manera en la que se deben asignar cargos, pero ciertamente tiene mucho de reductiva. Una visión meritocracia de la existencia en efecto buscará que los individuos de mayor capacidad sean aquellos que ocupen los puestos más prominentes, pero ciertamente la historia ha demostrado que este tipo de circunstancia es poco reproducible.
La existencia de la sociedad implica en buena medida la existencia de autoridades en las diversas esferas que la conforman. No obstante, en muchas ocasiones, este tipo de circunstancia conlleva que algún tipo de deficiencia en estos individuos afecte negativamente al conjunto. La pretensión de muchos discursos al respecto es que la sociedad debiera guiarse por un criterio de meritocracia, en donde los más aptos para un determinado cargo sean aquellos que realmente logren ocuparlo.
Este tipo de principio puede ser muy deseable pero la cuestión entraña una problemática que vale la pena considerar, problemática que ciertamente puede llevar a exactamente lo contrario de aquello que se pregona.
Un claro ejemplo de una visión meritocrática que ha llevado a una realidad extremadamente opuesta es la del fascismo. En efecto, los discursos que surgían dentro de esta corriente política de la primera mitad del siglo XX condenaban a la democracia por considerarla una suerte de óbice para que los mejores accedan al poder.
El fascismo se justificaba diciendo que justamente en el mismo sucedía exactamente lo contrario. La guerra y la competencia desmedida podía ser el medio para que resaltasen aquellos que eran más aptos para llevar adelante a un grupo.
Como vemos, la meritocracia puede ser bien vista como un anhelo, pero debe tomarse con mucho cuidado cuando desea imponérsela en la realidad. En efecto, la primer pregunta que se debe responder es bajo qué criterio se define “lo mejor”, que parámetros objetivos se utilizan para esta caracterización.
En un régimen democrático, empero, “lo mejor” está en continua discusión y en este sentido existe un proceso de premios y castigos para los buenos y los malos comportamientos, para aquellas medidas que agreguen valor y para aquellas medidas que sean una carga para la comunidad. Ciertamente, es una visión mucho más realista de la manera en la que se debe concebir la autoridad.
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